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Con el cambio de zonificación en El Carmen, aprobado por el Ministerio de Vivienda y Ordenamiento Territorial, un porcentaje de sus vecinos está preocupado porque las calles de su barrio se parezcan a otras caóticas vías, como Obarrio o San Francisco. En el barrio, mayoritariamente de residencias de plantas bajas, sus vecinos están divididos.
Por un lado están los que apoyan dicho cambio con carteles verdes colgados en las ventanas de sus residencias: “Las ciudades crecen. Sí a los cambios de zonificación”.
Y por el otro, los que enseñan con pancartas rojas: “No más atropellos. No a los cambios de zonificación”.
LAS VOCES EN CONTRA Y A FAVOR
“Nuestra comunidad presentó un plan de ordenamiento territorial al Miviot, esta propuesta fue consensuada con toda la comunidad y avalada por 800 firmas, pero nuestro plan no fue acogido por el ente regulador”, explica uno de los que se oponen a la nueva regulación, el arquitecto y residente del área Rodrigo Candanedo.
“La gente quiere seguir viviendo en paz y tranquilidad y de acuerdo a la calidad de vida de esta barriada”, añade.
Según Candanedo, los que están a favor de estos cambios de zonificación representan “el 2% de la población de la comunidad” y se concentran sobre todo en la calle Segunda o Ricardo Miró, precisamente una de las vías con más ruido y tráfico actualmente en El Carmen.
En tanto, Aldo Stagnaro es uno de los que está de acuerdo con los cambios efectuados por el ministerio. Dice que en su calle, Ricardo Miró, el tránsito continuo de vehículos no le permitía seguir viviendo y gracias a la nueva zonificación, su vivienda ya puede reconvertirse en un local comercial.
Sin embargo, Rafael Carles, empresario y residente en el área, cree que las preocupaciones de ciertos vecinos son exageradas. “El impacto no va a ser tan grande”.
En el video que acompaña a la nota conocerá opiniones enfrentadas de los residentes de El Carmen

¿Quién no se ha preguntado alguna vez qué ocurriría si en una de las torres de apartamentos de Panamá se propagara un fuego? El temor de algunos es manifiesto, pero esta semana hemos descubierto una forma rápida y autónoma de evacuación, sin tener que esperar el socorro de los bomberos.
SOS Parachute es un paracaídas diseñado para uso exclusivo en caso de emergencia. Se puede saltar con él a partir de los 30 metros de altura, o cien pies. Es decir, aproximadamente a partir de la undécima planta de un edificio.
El invento es obra de Morris Shahbazi, quien comenzó a darle vueltas a la idea a partir del 11 de septiembre de 2001, mientras observaba por televisión la terrible imagen de personas que se precipitaban al vacío en Nueva York, Estados Unidos. Han sido 12 años de trabajo ininterrumpido que le han servido para pulir su idea y poder lanzarlo al mercado.
El pasado fin de semana, su empresa realizó un simulacro en una de las torres de apartamentos de la cinta costera bajo la mirada del Sistema Nacional de Protección Civil, Cuerpo de Bomberos y otros entes de seguridad puestos en el SOS Parachute.
Desde el balcón y la terraza de la torre saltaron, en esta ocasión, paracaidistas, demostrando así que el invento cumple el objetivo: salvar vidas en casos de emergencia. Hasta 13 saltos efectuaron.
El resultado fue el que ya habían certificado en Estados Unidos donde está patentado SOS Parachute. Ahora, quieren que Panamá sea su primer expositor y esperan abrir oficinas en Dubái, Singapur y otras importantes ciudades.
Pero, ¿hace falta un curso de paracaidismo para hacer uso efectivo del invento? Su creador asegura que no. “Está diseñado para personas que no sepan nada de paracaidismo”.
Lo que lo diferencia de un paracaídas convencional es que su velocidad de apertura es más rápida y se puede usar en alturas más cortas.
Mientras que un paracaídas normal solo sirve a partir de los 300 pies de altura, a SOS parachute le bastan los 100 pies.
Conozca en el video que acompaña a la nota al inventor de SOS Parachute y el precio del aparato.

El oficial Juan Ros no sabe a ciencia cierta si aún existen más barcos en el mundo donde se pueda navegar como se hacía hace más de 500 años: observando las estrellas y el sol. Pero él, al menos, tiene suerte de hacerlo en uno de ellos: a bordo del buque Juan Sebastián Elcano.
El buque escuela de la armada española Juan Sebastián Elcano es un pueblo flotante de 256 habitantes, es también escuela de guardia marinas, la embajada española en alta mar, y debe su nombre a Elcano, el primer español que dio la vuelta al mundo al lado de Magallanes.
La semana pasada, el bergantín - goleta arribó a puertos panameños y Prensa.com aprovechó para colarse en su interior y conocer cómo es la vida dentro de uno de los veleros más antiguos del mundo.
En 1927 se botó en el puerto de Cádiz y precisamente este pasado 19 de abril cumplió su 85 aniversario. Su costo de manufactura, en aquella época, fue de $63 mil 893.
Su tripulación la conforman actualmente 23 oficiales, 22 suboficiales, 139 personal de marinería y tropa, 5 maestros civiles y 69 guardiamarinas que son los alumnos y futuros oficiales de la armada.
Anualmente se realiza un crucero de instrucción lejos de España. Durante ese periodo, los guardias marinas reciben clases y participan de cada una de las maniobras.
El buque, aunque este año tenía previsto dar la vuelta al mundo, el ministerio de Defensa español redujo su presupuesto y la travesía quedó reducida a 4 meses de viaje. Toda la tripulación es personal militar.
Toda, excepto 5 civiles: dos cocineros, un peluquero, un velero y un carpintero. El buque también cuenta con su propio capellán castrense, que oficia misa diariamente en la capilla. Mientras que Minerva, la diosa, los guía y “protege” como se creía antiguamente, desde el mascarón de proa.
Y en el tiempo libre, ¿qué se puede hacer en el Elcano? Gimnasia, ver películas, jugar a las cartas. Y pueden hablar seis minutos por teléfono cada tres días. Internet es vía satélite y está muy restringido.
Algún guardia marina decía sentirse aburrido de ver siempre las mismas caras. Y lo que más se echa de menos, “la familia”. El barco también cuenta con panadería, planta potabilizadora de agua, cocina.
Los dos cocineros tienen quizás la jornada de trabajo más larga. De 6:00 a.m. a 9:00 p.m. aproximadamente. Juan, el chef, comenta que su mujer aún no entiende por qué él decide embarcarse todos los años. Quizás sea “porque se trabaja muy a gusto”.
28 DÍAS EN EL ATLÁNTICO
28 días tardó el Elcano esta vez en cruzar el Atlántico, desde el puerto de Cádiz antes de pisar el puerto de San Juan en Puerto Rico. A una velocidad media de 7 nudos, es decir, a 13 kilómetros por hora.
Tratándose de un velero, el buque aprovecha el viento para enfrentar sus viajes con sus veinte velas desplegadas. Los motores sólo se encienden durante el 50% del trayecto aproximadamente.
El día a día en el barco comienza a las 7:00 a.m. Una campana avisa cada cambio de hora. Los guardias marinas tienen la agenda más apretada y cumplen diariamente ocho horas de guardias.
Otra de sus funciones es mirar las estrellas y el sol y a partir de ahí, gracias a una fórmula matemática, conocer en qué punto del globo se encuentra el barco. “Como hacía Cristóbal”, explican. Por supuesto, el barco está dotado de la última tecnología de navegación, pero el objetivo es formar futuros oficiales de la armada.
Los guardias marinas comienzan su formación en Pontevedra, Galicia, y su ciclo dura cinco años y el cuarto acceden por oposición al barco. Sólo los mejores lo consiguen. El 14% de ellos, son mujeres.
En el video que acompaña a la nota podrá hacer un tour virtual a través del barco.

Dos veces al día navega el primer autobús anfibio panameño por la bahía ante la mirada sorprendida de viandantes y residentes de los edificios de primera línea de la cinta costera. Se trata del primer vehículo en toda Centroamérica que es autobús y es barco. Más autobús, que barco.
Este tipo de vehículos se inspiran en un viejo modelo del ejército estadounidense, el DUKW, que fue creado por los militares para trasladar tropas y municiones a lugares donde no existía muelle. Posteriormente estos anfibios fueron comprados por tour operadores norteamericanas.
Construido a medida en Carolina del Sur, Estados Unidos (EU), la manufactura del Aquabus tuvo un costo aproximado de 300 mil dólares y tiene un peso de 8 toneladas.
En su fabricación, hecha a medida, se tuvo en cuenta la cantidad de personas que iba a transportar, 48; las rampas que debería franquear y el nivel de las mareas. Consta de un motor y dos tipos de transmisiones, dependiendo del medio en el que se mueva.
EN EL AGUA, O EN LA VÍA
Durante la gira, que parte cada día de Albrook, pasillo del delfín, se efectúan al menos dos inmersiones en el agua.
La primera en la Bahía de Panamá y la otra en Isla Flamenco. Además, el Aquabus realiza un pequeño recorrido por la ciudad y entrada del Casco Antiguo.
Su comandante, es conductor y es capitán, en su mesa de mandos combina todos los instrumentos. Presume de ser el único que transita con él por la ciudad y dice que nunca pensó capitanear “un monstruo así”.
Y precisamente el capitán, Luis, todos los días está pendiente de las mareas, ya que en caso de que sea muy baja, la inmersión no es viable. Dice estar constantemente en comunicación con la autoridad Marítima de Panamá. “Quieren saber dónde estamos en cada momento”.
Su guía, Patricio Roca, explica a Prensa.com que nunca han sufrido ningún accidente y que a pesar de todo, van provistos de salvavidas para toda la tripulación.
Precisamente, una de las viajeras comentó a Prensa.com que sentía un poco de miedo al subir. El temor del principio se olvida con la primera inmersión en el mar, en la que apenas se percibe la transición al mar.
La atracción gusta casi tanto a panameños como a extranjeros. En sus primeros 7 meses de vida, el 65% de sus viajeros provenían de fuera: EU, Europa, Sur América y el 35% restante son panameños que quieren ver la ciudad desde un punto de vista totalmente diferente.

En Panamá se come el roscón de reyes, muy tradicional de la mesa de los españoles, aunque “los panameños son más de la rosca de huevo”. Así lo reconoce Jorge Noël, el primer pastelero que importó la tradición al país.
A pesar de todo, cada año “aumentan los pedidos”, cuenta. En el horno de Noël se cuecen por estos días más de 300 roscones, que servirán de cierre a las navidades para muchas familias.
Noël lleva haciendo roscones desde hace más de 20 años en su pastelería ubicada en El Carmen. Pero aprendió a elaborarlos en su Cataluña natal. La masa es de brioche y lleva harina, huevo, azúcar, levadura, sal, mantequilla y ralladura de naranja.
Las roscas de Jorge Noël están rellenas de frutas trituradas, porque –según el pastelero– la nata y la crema no aguantan las altas temperaturas que se dan en el mes de diciembre en Panamá.
LA HISTORIA
Esta tradición, aunque en la actualidad se da en el Día de Reyes, poco tiene que ver su origen con la conmemoración de la llegada de los tres Reyes Magos a Belén.
Algunos historiadores explican que su aparición se relaciona con las Saturnales o fiesta de los esclavos que los romanos celebraban al concluir el período de trabajo en el campo. Los romanos colocaban el haba dentro del roscón, y el esclavo que en su porción hallara la semilla quedaba libre durante las Saturnales.
Tiempo después, la tradición del dulce se hizo fuerte en Europa, especialmente en España, hasta nuestros días. Hoy día, los roscones también llevan haba incluida, y quien la encuentra debe pagar la rosca del año próximo. También es costumbre introducir un premio en la masa.
Rosario Salinero, fiel compradora de este producto en Panamá, dice que este año introducirá una medalla de oro en su roscón, y el que la encuentre será nombrado “rey de reyes”, como exige la costumbre. A sus amigas panameñas, explica, les encanta su propuesta.
(Vea un reportaje completo en el video que acompaña esta nota)

Desierto, así nos muestra el encargado de Shoe Box su establecimiento ubicado en plena avenida Central. “Este panorama era impensable el año pasado. Las ventas han bajado casi un 40%”, asevera.
“Los clientes no entran en el local y”, según Rogelio López, “la Alcaldía tiene parte de culpa”.
En el exterior es imposible ver qué hay en la acera de enfrente de su establecimiento. Dos hileras de tiendas callejeras nos impiden verlo.
“La gente camina por el centro de la vía y les es difícil salirse de la ruta trazada por las decenas de tenderetes colocadas por los buhoneros. Y luego viene la lluvia”, nos recuerda el encargado del comercio.
En la avenida Central no hay aire acondicionado, ni parking, ni sombra. “El cliente prefiere ir al mall”.
También los buhoneros lamentan la situación. “Las ventas están malísimas. El sueldo no alcanza para trasladarse hasta la avenida Central”, cuenta Guadalupe, que coloca su puesto de figuritas de nacimiento desde hace 15 años y dice que, “por no haber, no hay ni carteristas este año”.
Al parecer también emigraron a los malls ante la falta de “oportunidades”. Lo que sí hay en la avenida central son ofertas. “La gente compra lo más barato”, dice Mayra Rosa Guerra, en La Aurora.
Aunque a veces ni las ofertas incentivan las ventas. “Bajamos el 10, luego el 15, hasta el 50% los precios y aún así, hay días que nadie compra”, reconoce la encargada de Corporación Prato.
EL BUEN TRATO COMO VALOR AGREGADO
Ante la falta de perspectivas, conocemos al dueño de la joyería Hawai, quien dice que abrió su negocio hace más de 50 años. “El buen trato es lo que nos permite aguantar aquí”.
Él ya ha visto como se han desocupado muchos locales a su alrededor, y en su lugar, poco a poco lo van ocupando trabajadores asiáticos.
Por suerte, los vendedores aún no han perdido la esperanza y confían en el bendito décimo y los pocos fines de semana que quedan antes de que acabe diciembre.
Afortunadamente para ellos, siempre hay gente que sigue prefiriendo la Central, puesto que en los centros comerciales dicen perderse con tanto pasillo.

“Somos artistas y vivimos de nuestro arte”, reconoce Raúl Velásquez, uno de los dueños del taller que colinda con la catedral metropolitana, en el Casco Antigua y que lleva 30 años animando la Navidad con sus creaciones.
“Esta noche ha habido trabajadores que no han dormido. En diciembre trabajamos 24 horas al día”. Falta apenas un día para que el desfile “Un sueño de navidad” comience y en su local, trabajan sin descanso en el montaje y últimos retoques de cada una de las 5 carrozas que el Gobierno les ha encomendado.
En 30 años, reconoce haber levantado muchos arbolitos de navidad, muchos cascanueces y muchos trineos en diciembre. “El tema del desfile navideño siempre es el mismo. En Panamá triunfan las carrozas con diseños muy comerciales”, lo que según él, no da margen suficiente para que al artista pueda innovar.
20 carrozas desfilarán este año por calle 50, en sentido contrario a la circulación vehicular a partir de las 2 pm. El inicio del recorrido está programado en la intersección de vía Porras y calle 50.

125 años después de su estancia en Panamá, el artista postimpresionista francés, Paul Gauguin, vuelve al país a través de sus obras. El trabajo del pintor (1848-1903) puede ser apreciado en el museo del Canal, en el Casco Antiguo, siendo esta la primera vez que son expuestas algunas de sus pinturas en toda Centroamérica.
En total, son 36 piezas originales las que conforman la exhibición “Paul Gauguin, el sueño de Panamá”, y proceden de algunos de los museos de arte más importantes del mundo: el parisino, museo d'Orsay; el museo Metropolitano de Arte, de Nueva York; o la National Gallery londinense.
“El reto ha sido muy grande”, reconoce la directora del museo del Canal, Ángeles Ramos Baquero, quien explica a Prensa.com que la curaduría de la muestra ha sido desarrollada “íntegramente” por personal del museo que ella dirige.
"Naturaleza muerta con naranjas" o "Lavanderas de Pont Aven" son dos de las seis pinturas al óleo que se pueden ver en el museo del Canal hasta el próximo 10 de marzo.
La muestra también incluye fotografías de la época de Armand Reclus o las misivas que Gauguin envía a su esposa durante su estancia en el istmo.
Y es que las aspiraciones de Gauguin por vivir “como un salvaje” es lo que lo trae a Panamá en 1887. Elige Taboga, pero una vez en la isla percibe los altos costos de la tierra y el constante trasiego de máquinas que laboran en la construcción del canal, que no se correspondería con la imagen salvaje que tenía de la isla. De Taboga, se marcha a Colón, donde trabaja durante un tiempo en la excavación del canal.
Tras cinco semanas en el país, lo abandona enfermo de fiebre amarilla rumbo a Martinica. Se cree que fue tras su estancia en Panamá cuando adopta los colores cálidos que caracterizarían sus creaciones a partir de entonces.
(Hasta el 10 de marzo se exhibe “Paul Gauguin, el sueño de Panamá”. De martes a domingo y en horario de 9:00 a.m. a 5:00 p.m. El precio de la entrada general es de $5.00 y $3.00 el de estudiantes).

En Panamá, el 85% de los donantes es familiar de los mismos pacientes, según estadísticas de salud. Durante los meses de noviembre y diciembre, así como también en época de Carnaval, los bancos de sangre de Panamá registran sus peores números.
“La gente cree que al donar no puede desarrollar su vida con normalidad, y eso es una falsa creencia”, explicó la directora del Banco de Sangre del Hospital del Niño, Arinda Alemán. Esto demuestra que las donaciones de sangre en el país no acaban de repuntar.
Y es que si el año pasado se registraron 3 mil 492 unidades de sangre en el Hospital del Niño, “este año llevamos 2 mil 997”, reconoció Alemán. Del total, el 85% recae sobre los familiares de los propios pacientes, mientras que las donaciones voluntarias representan apenas el 15%, una cifra muy por debajo de lo que recomienda la Organización Mundial de la Salud.
Otra cifra significativa, manejada por Alemán, es el alto porcentaje de hombres donantes: “más del 80%”. RETOS El gran reto que tiene ahora el país es aumentar el número de donaciones voluntarias. Para ello, los hospitales realizan giras periódicas a diversas empresas, se ha informado.
Para ser donante solo es necesario dedicar 30 minutos para ir a uno de los 27 hospitales que cuentan con banco de sangre en el país; haber cumplido 18 años y no haber padecido enfermedades de transmisión sanguínea.
(Vea un reportaje completo en el video que acompaña esta nota)

Aproximadamente 3 mil turistas llegaron a la comarca Guna Yala durante los días 3, 4 y 5 de noviembre, coincidiendo con el feriado. Y casi 12 mil personas visitaron alguna de las 26 islas que comprenden el corregimiento de Narganá en lo que va de año.
Estas son las cifras que maneja la gobernadora de la comarca, Armegilda Correa, quien reconoce que la llegada de visitantes este año ha aumentado 80%.
Los habitantes de Guna Yala se han percatado del rápido crecimiento del turismo. Y, en la isla más importante del corregimiento de Narganá (Gardí Sugdubbu), el 80% de sus moradores se dedica a este sector.
“La población ha abandonado la agricultura o la pesca y se ha lanzado al turismo”, relata uno de sus moradores. Dos casas de hospedaje tienen camas para 20 personas y en otras islas –como La Aguja– cuenta con más de ocho cabañas, informa Nicolás Ávila, un residente de la zona.
Procedentes de Jamaica, Hawaii, Japón, Francia o Norteamérica, los extranjeros aprecian “la arena blanca, el silencio y las aguas cristalinas de la comarca”, explica Leroy Montero, el vicegobernador de la comarca Guna Yala. “Algunos vienen en tours de un día, y los hay que se quedan más tiempo”, agrega.
Según Montero, la construcción del puente, que evita el paseo por el río, ha sido clave para facilitar la llegada masiva de turistas, tanto nacionales como extranjeros.
A su vez, como los habitantes guna están viendo las oportunidades que están surgiendo, muchos de sus jóvenes se preparan en el bachiller en turismo que se ofrece en la escuela de Gardí Sugdubbu. “En el curso aprenden inglés y francés”, explica el profesor Francisco González.
Otros, que abandonaron la isla buscando oportunidades en la capital, ya están de vuelta. Es el caso de Nicolás Ávila, un joven de 30 años que durante un tiempo vivió en el distrito de Arraiján (Panamá oeste), pero hace unos meses decidió volver a su tierra natal. ¿La razón? “Aquí están surgiendo buenas oportunidades”, comenta.
(Para más información vea el video que acompaña esta nota)