AMDEP1207. CIUDAD DE PANAMÁ (PANAMÁ), 24/01/2025.- Un buque portacontenedores transita por el Canal de Panamá este miércoles, en la Ciudad de Panamá (Panamá). 25 años después de que el canal fuera transferido por Estados Unidos a Panamá, la vía "no ha parado de crecer", como defiende el Gobierno panameño, con más toneladas en tránsito y aportes económicos al Estado, que se enfrenta ahora a las amenazas del presidente Donald Trump, que no descarta el uso de la fuerza para "recuperarlo". EFE/ Bienvenido Velasco
Hace 2 añosLa burocracia panameña no solo retrasa permisos, también frena empleos, proyectos y crecimiento. Por eso, el anuncio del presidente José Raúl Mulino sobre la designación de Eduardo Arango como coordinador para destrabar trámites merece seguimiento riguroso. Aunque no se trata de una reingeniería estatal, la tarea de Arango será clave: intervenir en los cuellos de botella que impiden que las inversiones fluyan.
En menos de 48 horas, asegura haber resuelto trámites estancados por más de un año. Pero la misión es titánica. Panamá tiene más de 100 instituciones públicas, muchas operando aún como en el siglo pasado. El reto no es solo desatar nudos, sino evitar que se vuelvan a formar.
Si el país quiere ser competitivo, necesita coherencia entre el discurso proempresa y la experiencia del empresario. La inversión no llega por discursos, sino por resultados. Y si Arango logra mostrarlos, entonces, tal vez, por una vez, el Estado deje de ser su propio obstáculo.
El presidente de Panamá, José Raúl Mulino, se ha referido a la situación política del régimen de Nicaragua gobernado por Daniel Ortega, país que le otorgó asilo político al expresidente Ricardo Martinelli. Composición fotográfica
Hace 2 añosPor mucho tiempo, América Latina ha ignorado lo que sucede en Nicaragua. Un régimen que no respeta los derechos humanos ni el Estado de derecho y cuyas autoridades carecen de legitimidad al no respetar la soberanía popular. Peor aún, aprovechando el asilo de Ricardo Martinelli, la copresidenta Rosario Murillo intenta abiertamente chantajear a Panamá con el SICA, buscando imponer figuras que no comparten los valores democráticos.
El gobierno de Daniel Ortega acusó a Costa Rica, Guatemala, Panamá y República Dominicana de inmiscuirse en sus asuntos internos tras rechazar la candidatura del excanciller Denis Moncada para la Secretaría General del organismo. Nicaragua alega que esta posición le corresponde por derecho, pero la realidad es que su historial antidemocrático genera un rechazo creciente en la región.
No es la primera vez que Ortega intenta forzar su agenda en el espacio centroamericano, utilizando discursos de soberanía para justificar una estrategia de aislamiento. Ahora, al verse bloqueado, recurre a la descalificación y la amenaza. La represión interna, las elecciones fraudulentas y la censura de medios e instituciones democráticas ya han reducido a Nicaragua a una dictadura. Pero su impacto trasciende fronteras cuando busca imponer su influencia en organismos internacionales.
Indudablemente, mantener relaciones diplomáticas con estas autoridades no le aporta nada a Panamá ni a la región. La integración centroamericana no puede ser secuestrada por regímenes que violan los principios democráticos.
Fotografía de archivo del presidente de Nicaragua, Daniel Ortega. EFE