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‘Hay elementos del crimen organizado sentados en lujosos despachos’: José Calderón

José Calderón Artieda es médico psiquiatra graduado en Cuba y especializado en el Hospital Psiquiátrico Nacional de Panamá. Fue coordinador nacional de Psiquiatría Forense y director general del Sistema Penitenciario entre 2004 y 2006. Ejerce actualmente la psiquiatría privada y comunitaria en la ciudad de Panamá.

‘Hay elementos del crimen organizado sentados en lujosos despachos’: José Calderón
José Calderón Artieda. LP/Carlos Moore

¿Cuál era la realidad del sistema penitenciario, el 1 de junio de 2026, cuando ocurrió la fuga en La Joyita?

La realidad era una de hacinamiento, de total desorganización y de falta de instrumentalización de la pena como tal. O sea, ¿para qué tengo yo a una persona aquí? Podríamos llamarle una falta de definición epistemológica del sistema penitenciario.

Es decir, ¿por qué estamos metiendo a la gente en la cárcel? ¿Es el castigo para sentirnos nosotros bien y ellos mal? ¿O es para resocializarlos?

Exacto. Lo que proponíamos era diferenciar cuándo una persona detenida requiere atención médica y cuándo una condición psiquiátrica necesita otro tipo de manejo. Porque el inimputable no puede ser judicializado. Y los jueces llegan a un punto en que dicen: ¿qué hacemos con esta persona?

¿A los que esperan sentencia los metes con el resto?

La estadística que yo recuerdo era un 60% de población penitenciaria sin condena, con una medida cautelar preventiva. Hay mucha gente con mucho más tiempo esperando porque los consideran “peligrosos”. Pero el propio concepto de peligrosidad es sumamente discutible.

¿Ocurre que a gente metida por crímenes menores la agrupan con gente que maneja pandillas?

Sí ocurre. La Ley 55 [de 2003] estructura un sistema escalonado, vamos a decirlo así. Tinajitas está destinado para delitos administrativos. En La Joyita entraban los que estuvieran en proceso, sin condena. Y a La Joya, los condenados. Eso es muy difícil de manejar en el resto del país, donde hay prácticamente una cárcel para hombres y una para mujeres en cada provincia. ¿Cómo divides dentro de una sola cárcel? No puedes.

Hay dos soluciones que se comentan: el sistema penal acusatorio y construir más cárceles. ¿Qué piensa de eso?

Hay que revisar cuál es el motivo de la pena de privación de libertad. En este país es simplemente privarte de la libertad de movimiento, aislarte de la sociedad. ¿Eso para qué sirve? ¿Sirve realmente para corregir algo en la sociedad?

Parece algo más administrativo que llegar a las raíces de por qué metemos a la gente en estos lugares.

Tú lo has dicho: el primer paso. ¿Por qué el primer paso de casi todos los delitos tiene que ser meter a la gente a la cárcel? Hay delitos, como los de violencia doméstica, que tienen 11 posibles pasos. ¿Por qué en otros no hay ninguna posibilidad que no sea la cárcel? Porque tenemos una visión absolutamente punitiva y vengativa de la justicia. La justicia no es venganza y la justicia tampoco es castigo.

Cada vez que le dan casa por cárcel como medida preventiva a alguien hay un revuelo. Son delitos que tienen que ver muchas veces con corrupción. Hay una cultura de querer ver a los que roban en la cárcel.

Tú has tocado un tema. ¿Por qué queremos ver a la persona que roba en la cárcel? Sobre todo cuando roba al erario. ¿Por qué no hacemos que pague? Literalmente. Que pague con dinero lo que debe y lo que quedó debiendo. Sí, pero es que eso es lo que te duele. Y cuando condeno a alguien por violación, ¿quién me dice que está reparando el daño con estar 25 años preso? Tendríamos que tender a una justicia restaurativa.

Pareciera que nuestro primer impulso sigue siendo: mételo en la cárcel. ¿Cómo funciona lo de quienes cuidan ahí adentro? ¿Los policías están adentro, están afuera?

Yo estuve en el sistema penitenciario de 2004 a 2006, durante 14 meses. El sistema de custodios civiles estaba dentro de Tinajitas, de Renacer y de Llano Marín. Pero en el resto de las cárceles toda la custodia estaba a cargo de la Policía.

¿Por qué no la Policía?

Porque la prioridad debería ser la recuperación de ese ser humano. Nosotros pusimos como lema: “Trabajamos para devolverles la confianza en la humanidad”. Porque ese es el principal problema de cualquier persona que falta a las normas sociales. Como no confía en ti y en mí, pues se va a proteger de nosotros atacándonos. La Policía está para reprimir; por eso está en la periferia. Pero en la mayoría de los centros todavía es la Policía la que está adentro. No siguen el librito de la norma penitenciaria, sino el librito de la Policía. En La Joya y La Joyita había pabellones donde las personas tenían una hora de sol a la semana, y ese momento era una especie de recompensa por no causar problemas, siendo que esto es un derecho humano elemental.

Hay personas que no son recuperables. A veces el miedo está justificado en que hay elementos metidos en el crimen organizado que saben que van a volver a delinquir.

Hay elementos que están metidos en el crimen organizado y que están sentados en lujosos despachos, en muchos estamentos de nuestra sociedad. Y ese crimen organizado está más protegido que los que están en la Mega Joya o en Punta Coco.

Y ahí hay unos que tampoco se pueden recuperar.

Así es.

Hace poco tuve aquí al diputado José Pérez Barboni, que promueve una ley para disminuir la edad para considerar a un menor como adulto cuando comete un crimen. ¿Qué consecuencias tiene eso?

Tú vas a meter a un muchacho de 15 años en un sistema donde no hay humanidad; ese individuo se va a deshumanizar. Debajo de los 25 años tenemos que meterle todo el recurso posible. Y voy a poner un ejemplo. Un individuo condenado por narcotráfico comenzó a impartir clases de inglés en la cárcel. La Policía canceló el curso. Bueno, este individuo monta un tablero en el baño y, clandestinamente, como si estuvieran planificando un asalto a un banco, estaban todos escondidos tomando clases de inglés. El papel del sistema penitenciario debería ser brindarle la oportunidad a estas personas de devolver algo de lo que le quitaron a la sociedad. Pero no puedes hacerlo si solo te concentras en el castigo y la venganza.

¿Qué le viene a la cabeza de la fuga masiva de La Joyita?

¿Por qué se fugaron? Porque están presos. Porque si no estuvieran presos no tendrían que fugarse. La verdad, suena a broma, pero es la verdad. Obviamente hubo un fallo al considerar a quiénes estaban moviendo y hacia dónde. Hay una filosofía, ojalá haya cambiado, de poner a todos los de una pandilla en un lado y a los de otra en otro. Eso mantenía la hegemonía de los capos.

Así que la gente se fuga porque está presa...

Una de las cosas que logramos, con la invaluable colaboración de la ministra Olga Gólcher, fue la conmutación de pena: puedes trabajar dos días y conmutar un día de prisión. Se nos ocurrió, el primer Día de la Madre de 2004, proponer un permiso para 800 privados de libertad para que visitaran a su mamá. No dormimos esa noche, ni el jefe de seguridad, ni la viceministra, ni yo. Al día siguiente comenzaron a regresar todos, todos, todos. Faltó uno. Y el reporte era: bueno, 799 presos en su celda. Y por el otro teléfono me estaban llamando: “Doctor, acaba de venir fulano de tal con su mamá. Ella lo trajo de vuelta a la prisión”. O sea, eso es de lo que yo hablo cuando hablaba de devolverles la confianza en la humanidad. Si esos muchachos pudieron confiar en que el sistema penitenciario no les iba a fallar, cualquiera podría hacerlo. Pero si una persona puede cumplir con esto, puede cumplir con muchas expectativas en la vida.


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