Panamá enfrenta una carencia de talento científico en sectores llamados a definir el crecimiento económico de las próximas décadas. Inteligencia artificial, biotecnología, salud, cambio climático, ciberseguridad e ingeniería avanzada figuran entre las principales áreas donde el país necesita más especialistas, según advirtió Eduardo Ortega Barría, secretario nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación.
La advertencia apunta a una brecha que trasciende el ámbito académico. Para las autoridades, contar con investigadores y profesionales altamente capacitados en estas disciplinas será determinante para elevar la competitividad nacional, atraer inversiones de mayor valor agregado y responder a desafíos cada vez más complejos.
Entre los sectores con mayores déficits aparecen la inteligencia artificial y otras tecnologías críticas y emergentes, el internet de las cosas, la sostenibilidad ambiental y las ciencias de la salud. Se trata de campos que hoy impulsan transformaciones profundas en la industria, la medicina, la logística y los servicios públicos.
Sin embargo, el rezago también alcanza áreas altamente especializadas, donde Panamá todavía tiene una capacidad instalada limitada para la investigación y el desarrollo. Allí se ubican la bioeconomía, la biología sintética, la edición génica, las biorrefinerías, así como la economía y las finanzas verdes, precisó Ortega Barría.
A ello se suman nuevos enfoques vinculados a la transición sostenible, como los modelos regenerativos de producción, el empleo verde, la transición justa y los sistemas agroalimentarios sostenibles, cada vez más relevantes ante los efectos del cambio climático y las exigencias de los mercados internacionales.
Ortega Barría también alertó sobre una brecha menos visible, pero estratégica: la falta de especialistas en políticas públicas de ciencia, tecnología e innovación, así como en gestión de la investigación y la innovación.
Estas capacidades son consideradas clave para traducir el conocimiento científico en decisiones públicas eficaces, nuevos negocios, productividad y soluciones concretas para la población.
Aunque Panamá mantiene carencias en áreas estratégicas, también registra un crecimiento paulatino de su comunidad científica. De acuerdo con datos de 2025 del Observatorio Panameño de Ciencia, Tecnología e Innovación (Opcyt), adscrito a la Secretaría Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación (Senacyt), el país cuenta con 1,614 investigadores activos distribuidos entre universidades, sector público, empresas, asociaciones de interés público, organizaciones privadas sin fines de lucro y panameños en el exterior.

La mayor concentración se encuentra en el ámbito universitario, seguido del sector gubernamental, mientras que la participación empresarial en investigación y desarrollo aún es limitada, aunque muestra señales de crecimiento.
El diagnóstico surge en momentos en que distintos países aceleran inversiones para captar talento e impulsar industrias basadas en la innovación, mientras la competencia global por profesionales calificados se intensifica.
A juicio de Ortega Barría, cerrar esa brecha en Panamá implicará fortalecer la formación universitaria, ampliar los programas de becas, vincular la academia con el sector privado y sostener políticas públicas de largo plazo.
Las autoridades sostienen que no se trata solo de formar más profesionales, sino de preparar al país para competir en una economía marcada por la digitalización, la crisis climática y la necesidad de diversificar su aparato productivo.
El reto, en síntesis, es que Panamá no solo consuma tecnología creada fuera de sus fronteras, sino que también pueda desarrollarla, adaptarla y convertirla en motor de crecimiento.

