La Cruzada Civilista cumple 39 años de su conformación, una fecha que revive el papel que desempeñó el movimiento ciudadano en la lucha contra la dictadura militar y el retorno de la democracia en Panamá.
El movimiento surgió en uno de los momentos más tensos de la historia reciente del país. Las denuncias formuladas por el coronel Roberto Díaz Herrera el 6 de junio de 1987 contra el general Manuel Antonio Noriega —que incluyeron acusaciones sobre fraude electoral, corrupción y violaciones a los derechos humanos— provocaron una profunda sacudida política y despertaron una reacción inédita de diversos sectores de la sociedad panameña.
Dos días después, empresarios, médicos, educadores, profesionales y representantes de organizaciones cívicas se reunieron en la Cámara de Comercio para articular una respuesta ciudadana. De ese encuentro nació la Cruzada Civilista, un movimiento que apostó por la resistencia pacífica y que convirtió las demandas de justicia, libertad y democracia en el eje de sus acciones.
Vestidos de blanco y armados únicamente con pancartas, consignas y movilizaciones pacíficas, miles de panameños salieron a las calles para desafiar al régimen militar. Las manifestaciones, muchas veces reprimidas con violencia, lograron unir a sectores que tradicionalmente actuaban por separado.
En el marco de la conmemoración, uno de sus fundadores, Aurelio Barría, y el arzobispo de Panamá, monseñor José Domingo Ulloa, destacaron la vigencia de los principios que dieron origen a la organización y llamaron a las nuevas generaciones a preservar las libertades democráticas.

Barría recordó cómo unas 30 organizaciones decidieron unirse para exigir la salida de Noriega y reclamar justicia, libertad y democracia. “Lo importante fue que tuvimos la unión para exigir la separación del cargo de este funcionario que había trastocado los cimientos de la sociedad panameña. Y segundo, estábamos exigiendo justicia, libertad y democracia”, manifestó.

A casi cuatro décadas de aquellos acontecimientos, Barría advirtió que la democracia no puede darse por sentada y que requiere del compromiso permanente de la ciudadanía.
“Tenemos libertad de expresión y libertad de prensa, pero esto es como un árbol: tiene que mantenerse y cuidarse, porque de lo contrario lo vamos a perder”, señaló Barría.
También hizo un llamado a los jóvenes a involucrarse en la construcción del futuro del país y a exigir instituciones más transparentes y eficaces.
“El reto es mantener un país donde haya transparencia, donde la corrupción se elimine o por lo menos disminuya, y donde exista justicia para todos”, afirmó.

Por su parte, monseñor José Domingo Ulloa expresó su gratitud y reconocimiento a quienes integraron la Cruzada Civilista, a la que describió como una expresión del compromiso ciudadano con la libertad, la justicia y la democracia.
“La Cruzada Civilista representó la voz de miles de panameños que, desde la firmeza de sus convicciones y por medios pacíficos, defendieron los valores de la libertad, la justicia, la democracia y la dignidad humana”, señaló en un mensaje con motivo del aniversario.

El arzobispo también recordó el acompañamiento de la Iglesia Católica durante aquel proceso histórico, destacando la labor de monseñor Marcos Gregorio McGrath y del padre Fernando Guardia.
A 39 años de su fundación, la Cruzada Civilista continúa siendo recordada como uno de los movimientos ciudadanos más influyentes en la recuperación de la democracia panameña y como un referente de participación cívica en la historia contemporánea del país.

