Panamá se prepara para convertirse, a finales de enero, en uno de los principales puntos de encuentro político y económico de la región. El país acogerá el Foro Económico Internacional América Latina y el Caribe 2026, organizado por el banco de desarrollo CAF, un evento que el presidente José Raúl Mulino ha descrito de forma insistente como “el Davos de América Latina y el Caribe”.
El foro se celebrará los días 28 y 29 de enero en el Centro de Convenciones de Amador y reunirá a jefes de Estado, economistas de referencia mundial, líderes empresariales, representantes de organismos multilaterales, académicos y diplomáticos. La ambición es clara: posicionar a Panamá como plataforma regional para discutir crecimiento, gobernanza e inserción internacional en un momento de alta volatilidad global y conflictos geopolíticos.
Entre los presidentes que ya confirmaron su participación figura Luiz Inácio Lula da Silva, presidente de Brasil. Según el programa divulgado por CAF, también asistirán Rodrigo Paz (Bolivia), Daniel Noboa (Ecuador), Bernardo Arévalo (Guatemala) y Andrew Holness (Jamaica). A ellos se sumará José Antonio Kast, presidente electo de Chile.
La agenda de encuentros combina política con discusión técnica de alto nivel. James Robinson y Philippe Aghion, premios Nobel de Economía en 2024 y 2025, liderarán sesiones sobre instituciones, innovación y crecimiento económico, temas centrales para una región que continúa atrapada en tasas de expansión modestas y brechas estructurales persistentes.

Panorama económico de América Latina
Uno de los ejes del foro será el análisis del panorama económico de América Latina y el Caribe, con un panel dedicado a examinar el equilibrio entre estabilidad macroeconómica y crecimiento sostenible hacia 2026. Ministros de Economía y Finanzas de Panamá, Uruguay, Jamaica, Ecuador, Perú, Trinidad y Tobago y Granada debatirán sobre gestión responsable de la deuda, eficiencia del gasto público y señales de política capaces de reforzar la confianza e impulsar inversión, productividad y diversificación económica.
En ese bloque participará Felipe Chapman, ministro de Economía y Finanzas de Panamá, junto a sus pares regionales, bajo la moderación de Felipe Larraín, exministro de Hacienda de Chile. La discusión abordará también cómo preservar avances sociales mientras se amplía el margen fiscal para responder a un entorno internacional más exigente e incierto.
La agenda incluye una intervención especial de Rebeca Grynspan, secretaria general de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (Unctad, por sus siglas en inglés), quien ofrecerá una lectura global sobre comercio, financiamiento y desarrollo en un contexto marcado por tensiones geopolíticas, crisis energéticas y un creciente repliegue proteccionista.

El foro dedicará además un espacio relevante a la relación entre América Latina, el Caribe y Europa. En un panel con exjefes de gobierno y altos exfuncionarios europeos, como Josep Borrell y Enrico Letta, se discutirá la necesidad de construir una nueva agenda estratégica compartida, centrada en comercio e inversión, seguridad energética, transición verde y defensa del multilateralismo.

El comercio internacional y la fragmentación de las cadenas globales ocuparán otro de los debates clave. Funcionarios y negociadores analizarán cómo la región puede redefinir sus estrategias comerciales, fortalecer cadenas de valor regionales y aprovechar oportunidades emergentes vinculadas al comercio digital y la sostenibilidad, en un escenario donde las reglas tradicionales pierden peso.

También está en agenda una discusión sobre diplomacia de resultados, enfocada en cómo América Latina y el Caribe puede traducir el diálogo internacional en impactos concretos sobre crecimiento, inversión e innovación. Cancilleres y representantes de organismos regionales debatirán sobre coordinación política, continuidad institucional y mecanismos para medir avances más allá de las declaraciones.
El presidente ejecutivo de CAF, Sergio Díaz-Granados, ha señalado que el organismo aspira a establecer el foro de manera permanente en Panamá. De consolidarse esa apuesta, el país no solo ganaría visibilidad internacional, sino que se colocaría en el centro de una discusión cada vez más urgente para la región: cómo sostener el crecimiento en un mundo fragmentado, con menos margen fiscal y mayores exigencias de gobernanza.

