En medio del reciente debate en la Asamblea Nacional de Panamá, el diputado del Partido Revolucionario Democrático (PRD), Benicio Robinson, defendió su propuesta de reforma, que busca flexibilizar la intervención y la construcción sobre ecosistemas marinos como arrecifes de coral y pastos marinos, apelando a una explicación simplificada que, para los biólogos, puede resultar incluso engañosa.
Desde el pleno legislativo, sostuvo que los pastos marinos “son las pequeñas hierbas como si fueran un potrero”, en un intento por diferenciar estos hábitats de otros como los corales o las algas, que —según su argumento— poseen características distintas y mayor sensibilidad.
El diputado insistió en que existe una confusión generalizada sobre estos ecosistemas. “Una cosa es alga, una cosa es coral, que no son especies que tienen raíces; en este caso son hierbas… los que están en el agua y los que están en la tierra son los pastos marinos”, afirmó, al tiempo que intentaba apoyarse en material audiovisual para ilustrar a sus colegas.

A partir de esa distinción, Robinson explicó que su proyecto de ley pretende modificar restricciones previas. “¿Qué hace el proyecto de ley ahora presentado? Simplemente separar… lo que es el pasto marino y lo que son los corales y el alga”, dijo, al referirse a cambios en un artículo que, en su versión original de 2022, limitaba la construcción en estos ecosistemas de forma conjunta. Según su lectura, esa redacción impedía el desarrollo de viviendas y otras infraestructuras, particularmente en provincias del interior donde —aseguró— abundan los pastos marinos.
La iniciativa ya superó el trámite legislativo: fue aprobada en tercer debate por el pleno y se encuentra a la espera de revisión por parte del presidente de la República, José Raúl Mulino. Pero ¿qué hay de cierto en el argumento del diputado?
Lo que dice la ciencia
Aunque comúnmente se les llama “hierbas”, taxonómicamente no pertenecen a la familia de los pastos terrestres, sino que están emparentadas con los lirios y las azucenas. En el Caribe, estas comunidades están dominadas por especies como Thalassia testudinum, conocida como hierba de tortuga, y Syringodium filiforme, o hierba de manatí, las cuales se han adaptado para prosperar sumergidas en aguas de alta salinidad y buena iluminación.

El doctor Janzel Villalaz, del departamento de Biología Marina de la Universidad de Panamá, compartió con La Prensa varias de las ponencias que imparte a sus estudiantes sobre el tema de los pastos marinos.
Según el biólogo, estas plantas actúan como auténticas fábricas de energía, almacenando carbono a través de la fotosíntesis a una velocidad comparable a la de un cañaveral. Esta producción no se queda solo en las hojas; se transfiere a otros niveles de la cadena alimentaria, sustentando una red de vida que incluye desde microorganismos y epífitas que recubren sus hojas hasta grandes vertebrados marinos.
El refugio
Más allá de ser una fuente de alimento, estas praderas funcionan como un refugio de biodiversidad y una guardería crítica para numerosas especies. Entre sus hojas y rizomas habita una compleja comunidad que incluye estrellas de mar, erizos, moluscos y una gran variedad de crustáceos, como camarones de diversos géneros.
Peces loro y peces cirujano patrullan estas extensiones verdes, mientras que, en el sedimento, entre los rizomas, vive la llamada infauna, compuesta por bivalvos y pepinos de mar que encuentran en este ecosistema un hogar seguro y estable.
Un aspecto fundamental para la salud de las costas es la capacidad de estas plantas para consolidar el sustrato y prevenir la erosión. Gracias a sus extensos sistemas de rizomas, que pueden enterrarse hasta 25 centímetros de profundidad, las hierbas marinas anclan el sedimento y estabilizan el fondo marino.
De hecho, durante eventos climáticos extremos como los huracanes, las hojas reducen la velocidad de las corrientes, protegiendo la costa de la pérdida de suelo, un servicio ecológico que no ocurre en zonas desprovistas de estas praderas.
Finalmente, la supervivencia de especies icónicas como la tortuga verde y el manatí depende directamente de la conservación de estos pastizales. Se ha documentado que al menos 154 especies de animales se alimentan directamente de ellas, lo que rompe con el mito de que estas plantas no eran consumidas.
Así, desde México, pasando por Panamá hasta Venezuela, las praderas de Thalassia representan un patrimonio natural indispensable que regula la claridad del agua y mantiene el equilibrio de los ecosistemas litorales del Caribe.

