Desde Veraguas, Milagros Vergara aún guarda en la memoria la última vez que vio partir a su esposo, el marino panameño Olmedo Núñez, un mecánico naval con siete años de experiencia y cuatro de trabajar fuera del país.
“Él se dedica a lo que es el mantenimiento de los barcos”, recuerda. No obstante, en marzo de 2025, Olmedo salió rumbo a los Países Bajos para un nuevo contrato que lo llevaría hasta Trinidad y Tobago, pero el viaje se truncó en una zona cercana a Venezuela.
“Cuando iban hacia Trinidad y Tobago, pasaron cerca de Venezuela y ahí se trancó el viaje. Ahí fue donde lo detuvieron”, relata.
La voz se le quiebra al repetir esa palabra: detenidos. Era 11 de junio de 2025 cuando Olmedo le escribió para decirle que las Fuerzas Armadas venezolanas estaban revisando la embarcación. “Las Fuerzas Armadas en la embarcación, haciendo revisión”, insiste, como si reviviera la escena que él le describió desde el mar.

La angustia
Los días siguientes se convirtieron en una vigilia permanente. Cada llamada tardaba más; cada mensaje llegaba con más distancia. Hasta que el 19 de junio se produjo el silencio definitivo. “Perdimos contacto totalmente. Comunicación no hubo más”, cuenta. Ese día quedó grabado para siempre en su calendario mental.
Durante meses, Milagros solo pudo especular sobre el paradero de su esposo. No sabía en qué cárcel estaba, si tenía acceso a comida, si lo habían golpeado o si seguía vivo.
Las noches eran largas y los días se consumían entre visitas a oficinas públicas y correos enviados a la Cancillería panameña.
“Nosotros hemos estado en comunicación con la Cancillería. Ellos nos indican que están haciendo lo posible para traerlo de regreso”, explica, aunque admite que esa frase se volvió una rutina: “Es lo que siempre recibimos”.

El 9 de octubre ocurrió algo inesperado: el teléfono sonó. Era Olmedo. “No sabría decirle cómo ni por qué medio, pero nos pudo llamar”, afirma. Hablaron durante diez minutos, un tiempo que se sintió eterno y, a la vez, insuficiente. “Dijo que estaba bien, que estaba comiendo y que esperaba que eso terminara pronto. Preguntó por su familia, por su mamá, su hermano, sus hijos”, recuerda Milagros, como si repasara palabra por palabra lo que ha guardado como un tesoro.
Interrogantes
“Él solamente habló de cómo estaba él y preguntó por su familia”. Desde ese día, el silencio volvió a instalarse. La familia insiste en que Olmedo es un trabajador especializado, sin vínculos políticos ni militares. “Mi esposo es mecánico. Toda su vida ha sido mecánico, lo que son barcos”, afirma Milagros. Y cuando le preguntan si él pertenecía a alguna entidad de seguridad, responde sin dudar: “No. Mecánico de barco. Le daba mantenimiento a la embarcación”.
Mientras lidian con la incertidumbre, Milagros y sus hijos —dos niños de diez y cuatro años— tratan de sostener la rutina familiar. Los pequeños preguntan por su padre y Milagros busca palabras para explicar lo inexplicable. “Es injusto que esté allá, solo por darle una mejor calidad a sus hijos”, lamenta. La Cancillería panameña, asegura, se comunica ahora “a diario”. A veces por teléfono, otras por mensajes, pero siempre en busca de novedades que nunca llegan.
Un leve respiro
El único respiro llegó cuando las autoridades panameñas mencionaron el caso de Olmedo en una reunión del Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), la semana pasada, en medio de la crisis diplomática entre Estados Unidos y Venezuela.

“Fue como una esperanza, o de repente acabar con nuestra agonía”, cuenta Milagros. “Sentimos una emoción muy grande, saber la ayuda y la necesidad de querer resolvernos”.
El 6 de enero, durante una sesión del Consejo de Seguridad de la ONU, el embajador y representante permanente de Panamá, Eloy Alfaro de Alba, reiteró que el país no reconoce a Delcy Rodríguez como presidenta de Venezuela. En esa misma intervención pidió la liberación de todos los presos políticos detenidos en ese territorio, incluido el panameño Olmedo Núñez. La mención elevó el caso al plano diplomático internacional y colocó el nombre del marino panameño en la agenda pública global.
Pero ese alivio momentáneo no cambia la realidad: Olmedo sigue detenido en Venezuela, sin información clara sobre su situación y sin comunicación con su familia desde octubre. Tampoco figura, según les dijeron, en las listas de liberados recientes.

Por eso, Milagros vuelve a repetir su ruego ante cualquier autoridad que la escuche: “Que, por favor, lo liberen y lo dejen estar con su familia. Que traten de ayudarnos a que lo traigan de regreso, que busquen todos los medios”.
