Regístrate para recibir los titulares de La Prensa en tu correo

Exclusivo Suscriptores

Vivimos cansados… pero ¿de qué?

Vivimos cansados… pero ¿de qué?
Un niño usa el teléfono móvil y una tablet. Europa Press

Antes, el cansancio tenía prestigio. Uno llegaba a la casa sudado, con tierra en los zapatos, la camisa oliendo a esfuerzo y la conciencia tranquila, que era casi un lujo. Hoy no. Hoy uno llega cansado… y lo más pesado que cargó fue el celular, que pesa 200 gramos pero deja el alma como si hubiéramos subido un refrigerador por las escaleras, sin ascensor y con crisis existencial incluida.

Nos despertamos cansados. No “un poquito”, no “normal”.Cansados nivel: ¿en qué momento se me acabó la energía vital?Cansados como si hubiéramos corrido una maratón nocturna, aunque lo único que hicimos fue ver series “para relajarnos” hasta la una de la mañana, episodio tras episodio, porque todos sabemos que solo uno más es una promesa que nadie cumple, ni con testigos.

Y cuando alguien pregunta:—¿De qué estás cansado?

Uno se queda pensando… revisa mentalmente… hace memoria… y responde:—No sé. Pero cansado estoy.

Es un cansancio moderno, sofisticado, premium. No es físico, es mental. Es el cansancio de abrir los ojos y que ya haya tres mensajes, dos correos, una noticia horrible y un audio de cuatro minutos que empieza con: “No te voy a quitar mucho tiempo”.

Mentira. Esa frase debería venir con advertencia sanitaria, letra chiquita y cláusula penal. O como esos videos que prometen: “En solo 60 segundos te daré el remedio para curar todas las enfermedades del mundo”, y terminan mostrando durante 30 minutos las opiniones de todos los beneficiados, los productos recomendados y la oferta de “solo por hoy”, que llevan meses repitiendo.

Antes uno se cansaba trabajando. Ahora uno se cansa antes de empezar a trabajar. Uno prende la computadora y ya necesita vacaciones. Reuniones que pudieron ser un mensaje. Mensajes que pudieron ser silencio. Silencios que igual generan ansiedad porque “seguro pasó algo”, y uno ya está sufriendo por adelantado… por si acaso, que es el deporte oficial de esta época.

El principal sospechoso, por supuesto, es el celular. Ese aparato chiquito que no pesa nada, pero agota como si fuera un saco de cemento emocional. El dedo pulgar debe ser el músculo más desarrollado de esta generación. No levantamos pesas, pero deslizamos pantallas con una disciplina que ya quisiera cualquier gimnasio.

Uno se acuesta a dormir… y el celular se despierta. Justo cuando el cerebro intenta apagarse, aparece una notificación importante, urgente e impostergable… que resulta ser un meme reenviado 37 veces. Y uno lo ve. Porque ¿y si no lo ve? ¿Y si se pierde algo? ¿Qué exactamente? No sabemos. Pero podría ser gravísimo. Tal vez histórico.

Vivimos informados de todo y responsables de nada. Sabemos qué pasa en países que no sabemos ubicar en el mapa, opinamos de temas que no dominamos y discutimos con desconocidos que no nos importan, pero a los que igual queremos convencer, porque el ego también necesita cardio. Todo eso cansa. Muchísimo. Pero nadie lo incluye en la hoja de vida ni paga horas extras por indignación.

Estamos tan ocupados que no sabemos en qué. El día se va en responder mensajes, reaccionar con emojis que no sentimos, leer titulares sin leer noticias y decir “qué barbaridad” cada veinte minutos. Al final del día sentimos que no hicimos nada… y aun así estamos exhaustos, como si hubiéramos hecho todo, mal y apurados.

Lo peor es que ya no sabemos descansar. Si no hacemos nada, sentimos culpa. Si descansamos, sentimos que deberíamos estar haciendo algo. Y si hacemos algo, sentimos que no es suficiente. Descansar se volvió una actividad estresante: hay que descansar bien, aprovechar el descanso, subir una foto del descanso y responder mensajes durante el descanso, para que quede constancia.

Antes uno decía “estoy cansado” y se acostaba. Hoy uno dice “estoy cansado” y abre el celular para distraerse… y termina más cansado, pero ahora informado, indignado y con sueño atrasado.

Tal vez no estamos cansados de trabajar. Tal vez estamos saturados de estímulos, de ruido, de opiniones, de urgencias falsas. Tal vez el problema no es que nos falten horas, sino que nos sobran interrupciones.

Quién sabe. Capaz no necesitamos vacaciones. Capaz necesitamos apagar algo.

Y no… no es la luz.

El autor es ingeniero retirado.


¿Qué es lo que más valora en un consultorio médico?

Ver resultados

LAS MÁS LEÍDAS

  • La alcaldesa de Arraiján frena permiso clave para la rehabilitación de la vía hacia Cocolí que ejecutará la ACP. Leer más
  • Tribunal revoca la absolución y condena a Federico Suárez por peculado en caso de la Autopista Arraiján–La Chorrera. Leer más
  • Docentes y padres de familia cuestionan cambios al PASE-U por posible impacto en miles de estudiantes. Leer más
  • Pago de intereses del Cepadem: jubilados esperan fecha oficial del Gobierno. Leer más
  • Juan Diego Vásquez acusa al contralor de decidir ‘con el hígado y las tripas’ en la crisis de basura en San Miguelito. Leer más
  • Irma Hernández presenta demanda para impedir que la Autoridad de Aseo asuma recolección de basura en San Miguelito. Leer más
  • Alcaldesa de Arraiján rompe el silencio: defiende la demolición del monumento chino y responde a denuncia de la ACP. Leer más