Dediqué un mes a leer un libro copioso sobre la década de los cincuenta, y aprendí de las condiciones geopolíticas de entonces, que no recordaba tan caóticas. Pero vuelvo a mi enciclopedia de la esperanza y el optimismo: Ray Kurzweil.
Se me ocurre que quizás interesen algunas de las soluciones importantes por venir, en qué consisten y cómo trabajarán.
Comienzo con la agricultura: cuando se mejoraron los métodos agrícolas, los agricultores pudieron sembrar con mayor eficiencia, facilitando cosechas más abundantes; además del aumento de alimentos, más personas podían dedicarse a otras actividades: comercio, ciencia y filosofía. Parte de esa especialización, a su vez, produjo mayores innovaciones agrícolas, creando un ciclo de progreso.
Una forma de cuantificar el progreso es midiendo la densidad de una cosecha: qué cantidad de alimentos se pueden sembrar en un trozo de tierra. La producción de maíz en Estados Unidos hoy emplea la tierra siete veces más eficientemente que hace siglo y medio, necesitándose apenas el treinta por ciento de la tierra para labranza de la que se requería en 1961.
Esta tendencia exponencial en el campo ha sido fundamental para el aumento de la población, además de salvarnos de hambrunas. Además, como las cosechas crecen con una densidad extremadamente alta y las maquinarias hacen el trabajo que solía requerir mano de obra, hoy un solo agricultor puede producir suficiente comida para alimentar a más de setenta personas. En Estados Unidos, la agricultura ocupaba el 80% de la mano de obra en 1818, el 40% en 1900 y menos del 1.4% hoy.
El rendimiento por cosecha está llegando a su límite. Una solución que viene surgiendo es sembrar en repisas, una arriba de la otra, hasta gran altura: es la agricultura vertical.
Las plantas crecen en el interior y en agua enriquecida con nutrientes. El exceso de agua de un nivel puede gotear al próximo en lugar de perderse. Algunas fincas verticales ahora usan una nueva técnica llamada aeropónica, en la que el agua se reemplaza con una fina nube húmeda.
La agricultura vertical tiene muchas otras ventajas, como reducir la contaminación ambiental. Y en los años venideros, la convergencia de innovaciones en electricidad fotovoltaica, en la ciencia de materiales, la robótica y la inteligencia artificial harán la agricultura vertical mucho menos costosa que la agricultura actual. Muchas empresas usarán células solares eficientes, podrán producir los fertilizantes in situ, recoger su agua del aire y cosechar los alimentos con maquinaria automatizada.
Con muy pocos obreros y uso de poca tierra, eventualmente la agricultura vertical podrá producir alimentos tan baratos que los consumidores los obtendrán casi gratis.
Es gratificante saber de mejoras como estas que ya están en camino.
La autora es escritora.


