Las Bandas Independientes irrumpieron en los desfiles de Fiestas Patrias cuando, en 1953, el Hogar apareció en escena. Este fenómeno musical sociológico tiene presencia creciente y ya se observa en todas las provincias del país. Es más, mucha gente llega a la última parte de esos desfiles solo para disfrutar el armonioso espectáculo que ofrecen.
Cerca de 70 Bandas Independientes, integradas por más de 25 mil personas componen el universo del fenómeno, que es musical, porque sus integrantes adquirieron tales competencias en las bandas de guerra de sus colegios. Muchos de ellos son de la tercera edad y aún desfilan porque les gusta la música.
El fenómeno también es sociológico porque sus integrantes provienen de sectores populares, donde se convive con diversos problemas sociales; y decidieron utilizar la música y la disciplina como alternativa a esa realidad social.
Estas 70 Bandas Independientes reemplazaron, en buena medida, como fenómeno cultural permanente a las fenecidas comparsas de los Carnavales de Panamá y Colón, que en su momento garantizaron el éxito de esas fiestas.
Su universo está compuesto por las bandas grandes, integradas por más de 500 personas, como la Búho de Oro, El Hogar, Centenario, Mega Banda, Metropolitana, Apocalipsis, Súper Banda y Generación de Oro. Y por las medianas, como la Belisario Porras de San Miguelito, la Federal y San José de David y La Revolución de Changuinola, entre muchas otras.
Las Bandas Independientes desfilan en noviembre, pero sus prácticas inician varios meses antes. Tienen su propia estructura de organización y financiamiento y cuentan con creativos de puesta en escena, entrenadores musicales y de batallones**,** y con sastres exclusivos.
La inversión promedio en vestido y calzado por integrante ronda los 250 balboas anuales, por lo que el universo de Bandas Independientes en Panamá invierte más de 5 millones de balboas al año.
Las Bandas Independientes están agrupadas en dos Federaciones: la Federación Panameña de Bandas Independientes (FEPABI) y la Federación Nacional de Bandas Independientes de Panamá (FENABIP).
A pesar de su historia, crecimiento y cobertura territorial nacional creciente, el fenómeno tiene un alto potencial de crecimiento por su rentabilidad social, mediática y económica.
Para lograrlo, el Ministerio de Cultura y el Ministerio de Turismo deberían convertirse en promotores y acompañantes institucionales de las mismas e integrar a ambas Federaciones, para celebrar un Desfile Anual de Bandas Independientes en un día acordado con ellas durante el mes de noviembre.
Tal desfile, normado institucionalmente, tiene el potencial para transformarse en un producto turístico nacional e internacional, como sucede con el Desfile de las Mil Polleras. La norma debe incluir la integración de jurados y premiaciones a los diversos componentes de las Bandas.
El éxito de los carnavales y desfiles patrios es la sana competencia entre los grupos que se organizan para participar de tales actividades. Las tunas, comparsas, bandas de guerra colegiales e independientes son exitosas cuando combinan organización, financiamiento, acompañamiento institucional junto con el cariño que reciben de quienes disfrutamos de sus presentaciones.
Con las Bandas Independientes, la mesa está servida.
El autor exministro de la Presidencia.


