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¿Te pusiste el medidor de ego?

Cuando usted llega al consultorio, el médico le pide permiso para levantarle la manga. Es un gesto de confianza antes de apretar el brazalete y medir la fuerza con la que su sangre golpea las paredes de la vida. Le propongo auscultar el voltaje de su ego y la resistencia de su autoestima. ¿Cómo puedo hablar de su presión si no conozco la mía? Confieso que mi dial también ha oscilado entre el incendio y la penumbra.

“Yo soy yo y mi circunstancia”, sentenció Ortega y Gasset. No nos advirtió que, a veces, la circunstancia es un ego hipertrofiado que nos venda ante el paisaje. En la fauna del intelecto y el poder, caminamos entre abismos: la parálisis del invisible y el temblor del narcisista.

Un día, para sobrevivir, hay que ser Cristiano Ronaldo. Es la presión necesaria del 70% al 100% para firmar una obra y no pedir permiso por existir. Ser Kafka no es opción. Lo del genio checo no era falsa humildad; era el peso demoledor de una condición que le impedía ser consciente de su propia grandeza. Max Brod y Dora Diamant, los custodios que desobedecieron la voluntad de quemar su obra, actuaron en sentido contrario a su mandato. Ese día, el búho se transformó en tiburón: Brod y Dora traicionaron una promesa privada para salvar un bien universal. Prestaron su ego para rescatar la luz de un hombre que eligió la penumbra. Sin la firmeza de ellos, rescatando cuadernos entre las cenizas de la historia, gran parte de ese universo se habría perdido.

La patología social de nuestra era es el moroso de la autoestima: personas con un ego del 100%, pero una autoestima del 5%. Son gigantes con pies de barro que necesitan compararse para validarse. Quien se compara por arriba vive en la envidia; quien lo hace por abajo, en la arrogancia. Ambas son fugas de energía en el medidor. Como advertía Cyril Connolly, el egoísmo es el anestésico que duerme el dolor de la estupidez.

Para quienes lideran, el dial debe ser dinámico y sensible al contexto. El tiburón es la presión alta que empuja resultados, pero al 100% es un incendio. Hay momentos en que el líder debe hablar primero para marcar el rumbo y disipar la incertidumbre, pero con la escucha activa conectada. La paloma es la presión baja; al 5% es invisibilidad, pero al 30% es la diplomacia de quien sabe callar para que la verdad del otro emerja. El búho es el maestro del dial: posee una autoestima sólida, cercana al 90%, que le permite no sentirse amenazado por el brillo ajeno. El búho sabe que la vela debe alumbrar al santo sin quemarlo.

Si al arremangarse la camisa descubre que su presión de ego está en niveles críticos, aplique un ajuste técnico. El tratamiento para el ego hipertrofiado es el fortalecimiento de la estructura interna.

  • La autoestima se nutre de cumplir promesas que se hace cuando nadie lo mira. Deje de compararse con el vecino. Compárese con su versión de ayer.

  • Aprenda a variar su voltaje. Use el tiburón para defender la ética y la calidad, pero use la paloma para recibir la crítica y practicar la escucha activa.

Mire su propio medidor. ¿Su luz es propia o robada? Si mañana le quitaran títulos y cargos, ¿seguiría habiendo claridad dentro de casa? El ego es un excelente sirviente, pero un amo tiránico. Sea luz, no encandilamiento.

El autor es periodista y filólogo.


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