TAL CUAL

IDEA. Marylín Vallarino, la madre de la criatura que fue detenida en un retén con los traguitos encima, sorprendió ayer al país: dijo que reprochaba el comportamiento de su hija y que por ello le pedía a la Policía sancionarla. En esta sociedad tan corrupta eso es de destacar. Ha podido quedarse callada o decir que no se va a meter. Un aplauso y merecido.

TARDE. El Tribunal Electoral anda buscando a Gerardo Barroso para que entregue la lista de donantes, cosa que debió haber hecho a más tardar el 2 de agosto pasado. O sea, hace más de nueve meses. Está de más decir lo mal que habla del Tribunal Electoral que nueve meses después vengan a llamarlo públicamente. Pero fuera de eso, quién sabe en qué se habrá gastado ese ser lo recaudado… si esa llamadita no la recibe de Miami, está duro que aparezca.

FRESCURA. Hablando del Tribunal Electoral, ¿como para cuándo piensan los magistrados entregar la lista de los familiares a los que tienen o tenían nombrados y la confirmación de que en verdad renunciaron? Anunciaron que renunciarían, sin detallar cantidad ni nombres de familiares, y decidieron que con eso nos teníamos que dar por bien servidos. Pues no. Rindan cuentas, que Panamá no es su finca privada.

¿‘SHOW’? Con esto de la insinuación que hizo Benicio Robinson de que Mitchell Doens tenía una notaría, no solo viene a la mente la promesa incumplida del Presidente de nombrar notarios por méritos, sino también una pregunta: ¿qué fue del proyecto que en octubre, y con bombos y platillos, presentó Milton Henríquez a la Asamblea para regular a los notarios y el destino de lo que recaudan? Supuestamente, con ese proyecto se acabaría el relajo en las notarías obligándolas a entregar el 30% de lo recaudado al Estado, pero más nunca volvimos a saber de eso. ¿Otro apuesto al olvido?

CARA DE BOBOS. El premio al cínico de ayer se lo llevó el diputado de CD Mario Miller, que en la comisión de Credenciales dijo que fue víctima de un expresidente que lo encarceló sin importar que tenía familia, y criticó que lo mismo pretendía hacerse con Benavides, que fue denunciado por un “criminal sin moral”. ¿Cómo que víctima? ¿Él cree que porque ya pasaron tantos años nos olvidamos de que el 22 de noviembre de 1994 fue sorprendido en un restaurante en Bella Vista aceptando un maletín con $100 mil que le exigió a un grupo de comerciantes? ¿Cree que ya se nos olvidó que fue condenado a 44 meses por extorsión y asociación ilícita para delinquir? No sea tan descarado, señor.

ESPERA. Por cierto, ahora que ya admitieron la denuncia en su contra, habrá que ver si el magistrado Benavides aparece y da la cara. El que no la debe no la teme y ante acusaciones tan serias como las que se le endilgan, callar no es señal de nada bueno. De nada.


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