Cuando se habla de sustancia económica, muchas personas piensan inmediatamente en formularios, certificaciones, contratos, actas de junta directiva o documentos que deberán conservarse para una eventual revisión de la administración tributaria.
Es una reacción comprensible, pero también refleja uno de los mayores riesgos al momento de implementar la Ley 526. En mi criterio, la sustancia económica no nació para crear más burocracia. Nació para comprobar que detrás de determinadas estructuras jurídicas existe una actividad empresarial real.
Durante muchos años, el debate internacional se centró en combatir estructuras que concentraban rentas pasivas en jurisdicciones donde prácticamente no existía actividad económica. Ese fue el origen de los estándares impulsados por la OCDE y la Unión Europea, y también la razón por la cual numerosos países, en su mayoría con sistemas de renta territorial, entre ellos Panamá, incorporaron normas sobre sustancia económica.
Por eso, el verdadero análisis nunca comienza preguntando cuántos documentos tiene una empresa. Comienza preguntando si la empresa realmente existe como organización económica, lo que lleva necesariamente a las siguientes interrogantes como punto inicial de todo análisis sobre esta materia:
-¿Quién toma las decisiones estratégicas?
-¿Dónde se administra el negocio?
-¿Quién asume los riesgos?
-¿Quién realiza las funciones esenciales?
-¿Existen recursos humanos y materiales acordes con la actividad desarrollada?
Estas preguntas son mucho más importantes que cualquier carpeta llena de documentos.
Naturalmente, toda empresa deberá conservar evidencia que respalde sus operaciones. La documentación sigue siendo necesaria porque ayuda a demostrar cómo funciona una organización y facilita el cumplimiento de las obligaciones legales. Sin embargo, los documentos, por sí solos, nunca sustituyen la realidad.
Un contrato no reemplaza una operación. Un organigrama no sustituye un equipo de trabajo. Un acta de junta directiva no demuestra, por sí misma, que las decisiones relevantes realmente se tomaron donde corresponde. La mejor evidencia siempre será la actividad económica genuina.
Esa diferencia es fundamental porque existe la tentación de convertir el cumplimiento en un simple ejercicio documental. Si una organización piensa que bastará con preparar algunos expedientes para satisfacer los nuevos requisitos, probablemente estará entendiendo de forma equivocada el propósito de la norma.
La sustancia económica exige coherencia: coherencia entre lo que una empresa dice hacer y lo que efectivamente hace; entre los ingresos que obtiene y las funciones que desarrolla; entre los riesgos que asume y la capacidad real para administrarlos.
Cuando esa coherencia existe, la documentación simplemente refleja una realidad empresarial. Cuando no existe, difícilmente un conjunto de documentos podrá ocultar la ausencia de actividad económica.
Precisamente por eso, la Ley 526 también representa una oportunidad.
Muchas empresas que ya operan desde Panamá cuentan con equipos profesionales, oficinas, procesos de decisión, controles internos y funciones reales que forman parte de su operación diaria. Para ellas, el desafío no será crear una realidad nueva, sino demostrar adecuadamente una realidad que ya existe. Ese enfoque permite comprender la norma desde una perspectiva distinta.
No se trata únicamente de cumplir un requisito legal. Se trata de fortalecer la credibilidad de Panamá como centro internacional de negocios, demostrando que las estructuras establecidas en el país generan valor, toman decisiones, desarrollan talento y realizan actividades económicas que trascienden una presencia meramente formal.
En un entorno internacional donde la confianza pesa cada vez más en las decisiones de inversión, esa diferencia resulta determinante. La verdadera sustancia económica no se construye cuando llega una fiscalización. Se construye todos los días mediante decisiones empresariales reales, operaciones genuinas y una presencia económica consistente con la actividad que cada organización desarrolla.
Porque, al final, la mejor prueba de sustancia nunca será un documento. Será la realidad que ese documento representa.
Por ello, resulta fundamental documentar adecuadamente y contar con información clara sobre cómo opera un grupo multinacional, especialmente en cuanto a la administración del negocio y la generación de renta pasiva extranjera. La mejor defensa será siempre la comprobación de cómo funciona realmente una organización, porque nadie conoce mejor que la propia empresa la forma en que desarrolla sus actividades cuando la autoridad encargada de verificar el cumplimiento de la sustancia económica solicite información.
El autor es socio líder de Deloitte Panamá.


