La semana pasada hablábamos sobre la necesidad de tener criterio para ser críticos. El problema que genera hacerlo es siempre el mismo: la soberbia del ignorante y la indiferencia de la mayoría, muchos de ellos conscientes de que hablar paja es un buen negocio. Reaccionan mal porque se ven expuestos y les duele el orgullo «intelectual» mancillado, pero no ven la necesidad de mejorar la perspectiva.
Esta semana podemos ilustrar lo que queríamos decir: un destructor de Estados Unidos atraca en nuestras costas. Panamá es un país cuya neutralidad de verdad importa. Cuando uno ocupa un cargo público, siempre representa el cargo que ostenta, no hay horarios. Sumen estos tres hechos y pregúntense: ¿qué hace un alcalde y dos diputados de la Asamblea de visita en ese destructor y encima con cara de estar en el circo? Les falta criterio, sufren de un infantilismo agudo que nos perjudica a todos.
En política (y en cualquier orden de la vida) la figura del «tonto útil» es fundamental; es esa persona que, desprovista de madurez intelectual, se presta, queriendo o sin querer, a los intereses del que está al otro lado de la mesa y que siempre termina perjudicándolo.
Los tres «políticos» panameños actúan como ya tienen costumbre, infantilizados, con sonrisa de feria y sin entender el papel que ocupan. Esa es la clase de político que hemos sumado al corruptón criollo, que se sigue dejando ver gracias a los residuos y demás morisquetas electorales. Y quedan tres años larguísimos de este tipo de tontería útil que quieren hacer pasar por política.
El tonto útil, el sin criterio, no lo nota; lo sufren sus electores, y cuando les dices en qué situación se encuentran, se revuelven lanzando consignas vacías o directamente ponen cara de yo no fui e ignoran cualquier contrariedad. Lo peor es que cuentan con la desidia de la mayoría de los ciudadanos. Y son peligrosos porque, sin criterio, cualquier disparate lo disfrazarán de buenas intenciones.
El autor es escritor.


