Nunca hubo tantos líderes visibles como hoy, y al mismo tiempo, nunca fue tan frágil el impacto de esa visibilidad. En la nueva lógica de la reputación corporativa, aparecer más no significa necesariamente generar más confianza.
Un reciente análisis de RepTrak Company, publicado en febrero de 2026 dentro de su serie sobre reputación corporativa, confirma un cambio relevante en la relación entre liderazgo y percepción pública. Según sus datos globales, la creencia de que los líderes empresariales son “fuertes y atractivos” aumentó 1.1 puntos en 2025, reflejando que los stakeholders están observando nuevamente y con mayor atención a quienes dirigen las organizaciones.
También, el 48% de los stakeholders considera que el CEO es la voz más adecuada para comunicar la visión de la empresa, muy por encima de cualquier otro vocero corporativo. Cuando se les pregunta qué valoran más en la comunicación empresarial, las respuestas son claras: 45% prioriza escuchar y responder activamente, 44% exige transparencia sobre las acciones, y 39% demanda mensajes claros y sin tecnicismos.
La conclusión del estudio es directa: la visibilidad, por sí sola, no fortalece la reputación.
Y aquí radica el verdadero cambio de paradigma.
RepTrak plantea una idea poderosa: la visibilidad es neutral; la credibilidad no lo es. Tres de los CEOs más visibles del mundo ilustran esta diferencia. Jamie Dimon, CEO de JP Morgan Chase; Satya Nadella, CEO de Microsoft, y Elon Musk, CEO de Tesla, mantienen niveles extraordinarios de exposición pública, pero generan resultados reputacionales distintos.
Mientras Dimon refuerza percepciones de estabilidad institucional y confianza, la reputación de Tesla, asociada a Musk, ha caído 18 puntos en cinco años, acompañada por una reducción del 9% en ventas de vehículos en 2025. La visibilidad que antes impulsó crecimiento puede convertirse en un riesgo cuando deja de alinearse con las expectativas sociales sobre responsabilidad y conducta.
Este hallazgo confirma algo que en comunicación estratégica venimos observando hace tiempo: la reputación ya no responde al volumen del mensaje, sino a la coherencia del comportamiento.
El estudio identifica tres modelos de visibilidad estratégica del liderazgo. El primero es estabilizar, clave en momentos de transición organizacional, donde la comunicación debe transmitir continuidad más que cambio. El segundo es humanizar, cuando la reputación se construye mejor desde colaboradores y experiencias reales que desde la sobreexposición ejecutiva. El tercero es transformar, donde el CEO actúa como catalizador de cambios estratégicos vinculados a innovación, sostenibilidad o gobernanza.
Lo relevante es que ninguno de estos modelos depende de la notoriedad mediática, sino de la alineación con el contexto organizacional.
El liderazgo corporativo enfrenta hoy una paradoja: nunca fue tan necesario mostrarse y nunca fue tan riesgoso hacerlo sin propósito. La visibilidad ya no se mide en apariciones, sino en confianza generada. Y esa confianza no nace del discurso, sino de la consistencia entre decisiones, valores y comportamiento. Al final, la reputación no escucha lo que los líderes dicen; observa lo que sostienen en el tiempo.
El autor es fundador de Semiotik. Experto en reputación corporativa, comunicación estratégica y manejo de crisis.


