La salud mental y la física van de la mano para crear un bienestar integral. Reconocer esto nos hace estar pendientes de posibles afectaciones a la salud mental. Sin embargo, a menudo resulta complejo distinguir entre las reacciones emocionales normales ante los desafíos de la vida y aquellas señales que indican que necesitamos apoyo profesional.
En este artículo queremos compartirles algunas señales que indican la posible presencia de una afectación a la salud mental y cómo el profesional determina si existen las condiciones para diagnosticar un trastorno. El objetivo no es el autodiagnóstico, sino brindar las herramientas necesarias para identificar cuándo algo ha cambiado en nosotros o en nuestros seres queridos, recordándonos que buscar ayuda a tiempo es un acto de valentía y responsabilidad personal.
Algunas de las señales a las que debemos prestar atención son:
• Sentirse ansioso o preocupado: si bien la ansiedad o la preocupación son respuestas comunes y saludables ante las situaciones de la vida diaria, cuando son constantes e interfieren de forma permanente pueden indicar una afectación mayor. Pueden surgir síntomas físicos como palpitaciones, dificultad para respirar, dolor de cabeza, sudoración, temblores, sensación de mareo, inquietud, diarrea o una mente acelerada que no deja de pensar en lo que preocupa.
• Sentirse deprimido o infeliz: muchas veces decimos “estoy deprimida” cuando, en realidad, estamos tristes. Los síntomas que indican una posible depresión incluyen estar triste o irritable durante las últimas semanas o más, carecer de motivación y energía, perder interés en pasatiempos o estar lloroso todo el tiempo, entre otros.
• Cambios emocionales: cambios repentinos y dramáticos en el estado de ánimo, como angustia extrema o ira.
• Cambios en el comportamiento o los sentimientos: cambios sutiles, continuos y significativos en los sentimientos, el pensamiento y el comportamiento de una persona.
• Cambios drásticos en el sueño o el apetito: dormir y/o comer mucho más o mucho menos de lo habitual.
• Retraerse de la vida regular: alejarse de la vida cotidiana, especialmente si se trata de un cambio importante. Aislarse con regularidad o negarse a participar en actividades sociales puede ser una señal de necesitar ayuda.
• Abuso de sustancias: el uso de sustancias para sobrellevar la situación, ya sea alcohol, marihuana o medicamentos como tafil o rivotril, sin ser recetados por un médico.
• Sentirse culpable o inútil: la constante sensación de culpabilidad, de ser un fracaso o de no tener valor.
Para saber si los síntomas han cruzado la línea hacia un trastorno, los expertos suelen buscar tres factores principales:
1. Duración (¿cuánto tiempo ha pasado?) Las emociones normales son temporales. Si los síntomas persisten más allá de lo esperado, es una señal de alerta. Es normal estar triste unos días después de una mala noticia. Hay que prestar atención si se siente una tristeza profunda o vacío la mayor parte del día, casi todos los días, durante al menos dos semanas (criterio común para la depresión) o ansiedad constante por más de seis meses.
2. Disfunción (¿afecta tu vida diaria?) Este es, quizás, el factor más decisivo. Un trastorno mental interfiere con la capacidad para funcionar. Es normal tener ansiedad antes de un examen. Se requiere atención si dejas de ir al trabajo o bajas tu rendimiento drásticamente, te aíslas de amigos y familiares o no puedes realizar tareas básicas como bañarte, comer o limpiar tu casa.
3. Desproporción (intensidad) La reacción es mucho más intensa de lo que la situación amerita u ocurre sin una causa aparente. Es normal tener miedo si ves un perro agresivo. Requiere atención tener un ataque de pánico al entrar a un elevador o estar en un lugar público sin razón aparente.
Identificar las señales de alerta descritas en Salud mental 1.0 es el primer paso, y quizás el más importante, hacia la recuperación y el bienestar. Entender esta diferencia nos empodera para dejar de juzgarnos y comenzar a actuar.
Ahora que conoces las señales de afectación y las “3 D”, tienes una herramienta poderosa en tus manos. Te invitamos a mirar a tu alrededor con empatía.
• Obsérvate: ¿cómo te sientes realmente hoy?• Observa: ¿notas cambios drásticos en un compañero, amigo o familiar?
Si ves algo que no parece correcto, inicia la conversación. Preguntar “¿cómo estás realmente?” o sugerir buscar orientación profesional puede marcar la diferencia en la vida de alguien. No guardes esta información: compártela y ayuda a romper el estigma.
La autora es psicóloga.
