Todo el mundo resalta el medio ambiente cuando se celebra el Día de la Tierra o cuando ocurre un fenómeno que lo afecta. Si hay un derrame de petróleo, incendios forestales, tala de árboles, basura en los ríos o fenómenos meteorológicos, abordamos y resaltamos el medio ambiente, algo que es muy importante para todos. Pero es lastimoso que, a pesar de que tenemos instituciones encargadas de vigilarlo, parezca ser solo un protocolo que deja más dudas que respuestas, especialmente cuando hay proyectos que aparentan afectar el entorno y aun así cuentan con permisos. No parece existir conciencia ni respeto por el medio ambiente.
El agua, vital para la existencia de la humanidad y un derecho humano, escasea en una gran cantidad de hogares de nuestro país, como en la parte este y oeste de la ciudad, donde se construyeron viviendas sin preocuparse por el abastecimiento adecuado y siguen sin resolverlo desde hace mucho tiempo. No sabemos qué milagro hacen para subsistir. El negocio de los carros cisterna es lo único que se les ocurrió. En otras partes del país, las protestas no faltan, sin claridad sobre si el agua es potable, como en Azuero, donde se debe comprar para su consumo, tras darse cuenta —después de muchos años— de que los ríos estaban contaminados. Una incapacidad letal.
No sabemos si faltan ríos o si hay más construcciones e improvisaciones de algunas empresas constructoras y, aun así, las facturas del Idaan llegan sin reparos. Cuando se reportan fugas de agua, pasan años o tiene que llegar un reportaje de noticias para que las reparen.
Nuestro Canal de Panamá, el principal ingreso y recurso vital de empleo para muchos panameños, pasó por momentos difíciles hace unos años, cuando las lluvias y nuestros ríos bajaron sus niveles, afectando el llenado de las esclusas y limitando el paso de barcos. Por ello, se contempló apoyarse con el río Indio para no interrumpir el servicio del canal, un proyecto que aún se encuentra en desarrollo.
Lo más difícil de entender de nuestros políticos es que no existan planes desarrollados, con metas claras, para garantizar agua potable a toda la población, incluyendo a quienes nunca les llega. Al paso que vamos con el cuidado del ambiente, la “guerra por el agua” parece cada vez más cercana en nuestro país.
Los ríos se volvieron negocios de familias con poder político, con las hidroeléctricas, al igual que la mina se convirtió en negocio para una firma de abogados y actores políticos, para quienes las afectaciones al medio ambiente parecen ser lo menos importante. Las sustancias utilizadas y la contaminación de tierras y ríos evidencian riesgos que no se pueden ignorar, incluyendo su impacto potencial en el Canal de Panamá.
No hay que ser experto en medio ambiente para saber que esos daños se extienden a otros lugares y que nuestros ríos pueden terminar contaminados. No se trata de crear una narrativa alarmista, sino de reconocer que las señales existen y que es necesario actuar con prevención.
Por cierto, la tala de árboles y el daño ambiental ocurrido en Darién, convertido en otro negocio vinculado al paso de migrantes en busca del sueño americano, no han sido debidamente explicados al país. Tampoco se conoce con precisión la magnitud de los daños ecológicos, más allá de las vidas humanas que se perdieron.
El desarrollo de la minería tuvo un rechazo evidente por parte de la ciudadanía, pese a que un grupo de diputados intentó desconocer esa voluntad. Durante semanas, miles de panameños salieron a manifestarse, conscientes de las consecuencias para el país.
A casi tres años de esas protestas, pareciera que no existe interés en reconocer ese consenso democrático. Los daños ecológicos están documentados y el país merece claridad sobre decisiones que comprometen su futuro.
Solo para terminar, la ausencia de memoria puede generar decisiones que ignoren la voluntad ciudadana. Lo más responsable es recurrir a consultas democráticas y reconsiderar los múltiples daños ambientales antes de avanzar en proyectos que podrían agravar la situación.
Estas tierras pueden ser aprovechadas de formas distintas, sin comprometer el medio ambiente, en un contexto donde el agua es cada vez más escasa.
El autor es especialista en salud pública.


