En Panamá se debate con intensidad una ley que requeriría la incorporación de un 10% de etanol en las gasolinas. La discusión ha generado opiniones divididas sobre su impacto económico. Sin embargo, una mirada al contexto internacional muestra que no se trata de una política aislada ni experimental, sino de una tendencia energética ampliamente adoptada.
De acuerdo con la Agencia Internacional de Energía y la Renewable Fuels Association, más de 60 países han adoptado o promueven activamente mezclas de etanol en combustibles, como parte de estrategias para diversificar su matriz energética, reducir emisiones y fortalecer sus economías agrícolas.
Líderes globales
Brasil es uno de los casos más emblemáticos. Con décadas de experiencia en biocombustibles, mantiene mezclas obligatorias en el rango de E27–E30 y continúa evaluando incrementos graduales. Su modelo ha convertido al etanol en un pilar de su seguridad energética.
Estados Unidos, el mayor productor mundial, utiliza E10 como estándar en la mayor parte de su gasolina, con expansiones de E15 y el uso de E85 en vehículos flex fuel. Según el Departamento de Agricultura de los Estados Unidos y la U.S. Energy Information Administration, esta industria no solo reduce importaciones de combustibles fósiles, sino que también sostiene una amplia cadena agrícola basada en el maíz.
India ha acelerado su programa nacional, con el objetivo de consolidar el E20 como estándar, en un esfuerzo por disminuir su alta dependencia del petróleo importado.
China, aunque con avances más graduales, ha promovido mezclas de E10 en diversas provincias como parte de su estrategia para mejorar la calidad del aire y gestionar excedentes agrícolas.
América Latina: avances regionales
En América Latina, múltiples países han implementado mandatos de mezcla con distintos niveles de ambición. Según la Organización Latinoamericana de Energía y la Agencia Internacional de Energía:
Colombia y Uruguay operan con mezclas cercanas al 10%.Argentina mantiene niveles en torno al 12%, combinando etanol de maíz y caña.Paraguay destaca por políticas más agresivas, con mezclas superiores.Perú y Ecuador también han adoptado esquemas de mezcla, aunque en niveles más moderados.Bolivia se encuentra en proceso de expansión de sus porcentajes actuales.
Este panorama refleja una región que utiliza el etanol no solo como herramienta ambiental, sino como motor de desarrollo agroindustrial.
Europa y Asia: transición energética en marcha
En Europa, economías líderes como Francia y Alemania han adoptado E10 como combustible estándar, mientras que Francia además incentiva el uso de E85 (“superetanol”) mediante beneficios fiscales. El Reino Unido también implementó E10 como norma nacional para reducir emisiones del transporte.
En Asia, países como Tailandia y Vietnam han desarrollado programas de mezcla en rangos de E5 a E10, apoyados en cultivos como la caña de azúcar y la yuca.
¿Por qué el mundo apuesta por el etanol?
El impulso global al etanol responde a tres objetivos estratégicos:
Seguridad energética: reducir la dependencia de mercados petroleros volátiles.Desarrollo agrícola: generar demanda interna para cultivos, dinamizando economías rurales.Descarbonización: contribuir a metas climáticas, ya que los biocombustibles pueden reducir emisiones netas en comparación con los combustibles fósiles.
Una decisión estratégica para Panamá
La evidencia internacional muestra que el uso de etanol en combustibles es una política consolidada, adoptada por economías desarrolladas y emergentes por igual. Más que una tendencia pasajera, forma parte de una transformación estructural en la forma en que los países gestionan su energía, su agricultura y sus compromisos ambientales.
En ese contexto, el debate en Panamá no ocurre en aislamiento, sino en medio de una transición global en la que múltiples países ya están capturando beneficios económicos, energéticos y ambientales.
El autor es publicista.

