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POLíTICA MIGRATORIA

Y tú, ¿de dónde eres?

Corría el año 1989, cientos de panameños habíamos emigrado, algunos por razones políticas, otros por razones económicas y otros escapando de apagones, bancos y supermercados cerrados y otros por la falta de derechos como la libre expresión.

No fue nada fácil, largas horas de trabajo, un costo de vida muy superior y poco contacto con familiares moldearon una época en la que hubo momentos de alegría y de mucha melancolía.

Recuerdo llamadas de colegas que no habían corrido con la misma suerte que yo. Un excelente periodista que me rogaba que lo ayudara a “conseguir una chamba” en la cadena de televisión en la que laboraba, pues solo lograba “echar gasolina algunos días”.

El boom económico que hemos disfrutado hizo “cosquillas” en quienes, ante el desespero que viven en sus países, decidieron migrar hacia donde pudieran vivir, criar hijos y desarrollarse profesionalmente. De la misma manera, despierta el interés de los malos, quienes buscan nuevas víctimas.

Estas minorías ingresan como turistas y promueven una mala reputación de sus compatriotas, algunos de los cuales sudan la gota gorda realizando labores que los panameños ya no quieren desempeñar o consideran que les resta estatus en una sociedad que aún mide a la gente por su celular y el vehículo que maneja.

Todo país tiene el derecho de regular el ingreso de extranjeros al país. Lo que no debe promover es por un lado la discriminación y por el otro, la subjetividad en los criterios; mucho menos la violación al derecho a la libertad de expresión.

Nuestro país se ha visto fortalecido cultural y económicamente, gracias a personas como Juan R. Poll, Don Colchón, Tony Fergo y tantos otros. Las colonias china, judía, musulmana e india, por mencionar algunas, han contribuido grandemente a que seamos ese pueblo multicultural que somos. La mezcla del arroz chino con la torrejita de maíz nuevo y el establecimiento de grandes empresas no es más que el producto de la visión de muchos que creyeron en Panamá.

No debemos permitir que se nos falte el respeto, pero pretender expulsar a alguien del país por comentar que somos impuntuales o criticar el juega vivo con el que nos toca lidiar diariamente, no es justo. ¿Por qué no mejor iniciamos cambiando nosotros mismos nuestras actitudes y regresamos a la práctica de los principios y valores que tanta falta nos hace?

¿Por qué no criticamos y denunciamos a los malos empresarios que abusan de los extranjeros sin papeles a quienes no le pagan lo debido? Exijamos a los inspectores de migración que no acepten “regalos” y que velen por hacer cumplir las leyes existentes y que se agilicen los trámites para quienes buscan legalizar su estatus, sin caer en “crisoles” y otras acciones que solo enriquecen las arcas del gobierno de turno y de los malos funcionarios.

No permitamos que el populismo, la chabacanería y la intolerancia prevalezcan sobre las buenas costumbres, la amistad y la solidaridad que hemos practicado por tantos años.

Que viva Panamá y todos los que de forma ordenada quieran acompañarnos a los que tuvimos la suerte de nacer en esta bella tierra, en trabajar para hacerla más grande y más bella.

El autor es experto en temas de comunicaciones 


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