La entrada de Panamá en el Parlacen en la década de 1990 fue un impulso para integrar a nuestro país en la región. No estuvimos solos; el esfuerzo fue un intento global por unir a los diferentes países con sus vecinos, ejemplificado quizá de manera exitosa por la Unión Europea.
El Parlacen, en teoría, funciona como el lugar de debate de políticas públicas que luego se pasan al Sistema de Integración Latinoamericana para ser aplicadas en los países. Endara firmó la entrada de Panamá en 1994, aunque nunca formó parte del organismo. Ya durante las conversaciones antes de que el expresidente firmara el ingreso de Panamá al Parlacen, personas como Gabriel Lewis Galindo vaticinaban el uso de este foro como un refugio de inmunidad parlamentaria.
El primer exmandatario panameño que usó el Parlacen para esconderse de la justicia fue Ernesto Pérez Balladares. Solo dos años después de salir del cargo, comenzaron las investigaciones y auditorías a su gestión, especialmente por sus concesiones portuarias. Y ya como diputado del Parlacen, Pérez Balladares luchó contra su proceso desde el privilegio y la inmunidad que le brindaba ser miembro del organismo.
Mireya Moscoso incluso fue más atrevida. Durante su campaña criticó constantemente el costo del Parlacen y aseguró que no se posesionaría luego de salir de la presidencia. Obviamente, ustedes conocen cómo termina esta historia. Moscoso se posesionó como diputada solo un año después de salir de la presidencia, en medio de escándalos por las donaciones de Taiwán e incluso bajo la protesta de miembros del Parlacen, quienes se retiraron del lugar durante su juramentación.
Martín Torrijos, ahora candidato presidencial, no quiso romper la tradición y se fue al Parlacen más rápido que una pepita de guaba, con el caso de corrupción del Cemis respirándole en la nuca. Pero como buen político, luego de resguardarse en la inmunidad para que su caso fuera a la corte, renunció y su caso quedó en un limbo jurídico.
Pero quizá el caso más descarado es el de la familia Martinelli. El expresidente, ahora condenado por lavado de dinero, no solo criticaba al Parlacen, sino que intentó sacar a Panamá solo para que su plan fuera echado atrás por un fallo de la Corte Suprema de Justicia. Pero como Martinelli no es ni consecuente ni honesto, el mismo día que Juan Carlos Varela tomó posesión como presidente ya se encontraba en Guatemala exigiendo su inmunidad.
Los hijos siguieron el ejemplo de su padre - ejemplo que los dejó pasando cárcel el Nueva York - y trataron de usar su inmunidad para zafarse de los gringos en el 2020 sin que les diera resultado. Ahora, a las puertas de dos de los juicios más importantes de nuestra historia, los hermanos Martinelli intentan nuevamente vernos la cara de pendejos a todos los panameños y acogerse nuevamente en su inmunidad con la complicidad de diputados del Parlacen que por favores políticos o económicos prefieren socavar la institucionalidad de nuestro país.
El uso del Parlacen para la inmunidad parlamentaria en casos de corrupción no es ni nuevo ni sorprendente. Sin embargo, es uno de esos fueros y privilegios de los que habla la constitución, que reciben ciertos miembros de la clase política sin razón alguna más que la permisibilidad de los ciudadanos y un sistema de justicia que, si no se hace respetar, tiene el peligro de quedar obsoleto.
El autor es director ejecutivo de Movin

