Cuando se habla de inteligencia artificial (IA), muchas personas imaginan enormes centros de datos trabajando a toda velocidad en Estados Unidos, donde cada milisegundo cuenta. Y es cierto: hay aplicaciones de la IA que necesitan respuestas casi instantáneas. Sin embargo, esa no es toda la historia. Una gran parte del trabajo que realiza la IA no necesita ser inmediata. Puede hacerse con calma, en segundo plano, y enviarse luego a su destino sin afectar el resultado final.
Ese detalle cambia por completo el panorama.
Y ahí es donde Panamá tiene una oportunidad real.
Para entenderlo mejor, conviene explicar un concepto que se menciona con frecuencia: latencia. La latencia es, simplemente, el tiempo que tarda la información en viajar de un lugar a otro. En algunos servicios —como una llamada en tiempo real o una transacción financiera— ese tiempo debe ser mínimo. Pero en muchos otros procesos de la IA, ese retraso no representa un problema. Si el resultado llega segundos o incluso minutos después, el sistema funciona igual.
La inteligencia artificial moderna realiza enormes volúmenes de trabajo que no dependen de la velocidad extrema: procesamiento por lotes, análisis masivo de datos, entrenamiento adicional de modelos, validación de resultados, organización de información, almacenamiento y optimización. Todo ese trabajo puede realizarse lejos de los grandes centros tecnológicos, siempre que se haga de forma eficiente y confiable.
Panamá no necesita competir con los grandes centros de datos de Virginia, Texas o California en velocidad. No es esa la carrera correcta. La oportunidad está en complementarlos, absorbiendo una parte importante de ese trabajo que no exige inmediatez y devolviéndolo en paquetes bien procesados.
En términos prácticos, esto significa que Panamá puede albergar centros de datos de gran escala —50, 100 o incluso 150 megavatios— dedicados a este tipo de procesamiento. No se trata de instalaciones marginales, sino de infraestructura industrial de alto nivel, operando las 24 horas del día y conectada a redes internacionales de datos.
¿Por qué Panamá? Porque cuando la velocidad deja de ser el factor principal, entran en juego otras variables decisivas: energía, espacio, costos operativos y estabilidad. Panamá ofrece condiciones muy competitivas en estos aspectos. Construir, operar y respaldar centros de datos en el país resulta significativamente más económico que en los grandes polos tecnológicos tradicionales. Incluso considerando sistemas de respaldo y altos estándares de seguridad, la ecuación sigue siendo favorable.
Pero hay otro factor clave que no siempre se menciona: el capital humano.
Panamá cuenta con una población joven, con ingenieros y técnicos ya formados, capaces de ser entrenados rápidamente para operar centros de datos modernos. Este tipo de operación no requiere miles de científicos de laboratorio, sino personal técnico disciplinado, bien capacitado y capaz de operar sistemas complejos de manera continua. Esa es una fortaleza clara del país, y una oportunidad para generar empleo de alto valor agregado y retener talento local.
Además, este modelo permite un desarrollo territorial más ordenado. Los centros de datos no necesitan ubicarse en zonas urbanas congestionadas; pueden instalarse en áreas industriales o costeras bien conectadas, reduciendo la presión sobre las ciudades y facilitando la planificación a largo plazo.
El mensaje es claro: Panamá no necesita competir en velocidad extrema. No es necesario. Puede competir en eficiencia, en uso inteligente de la energía y en su capacidad para descargar trabajo pesado de los grandes centros de datos de Estados Unidos, contribuyendo a un sistema global de IA más estable y menos costoso.
La inteligencia artificial del futuro no será centralizada en unos pocos lugares. Será distribuida. Los países que entiendan qué parte del proceso pueden asumir con ventaja serán los que capturen valor real. Panamá tiene condiciones únicas para hacerlo, si enfoca su estrategia con realismo y visión.
No se trata de correr más rápido que otros, sino de correr la carrera correcta.
El autor es ingeniero electromecánico.

