El 2026 se perfila como un año decisivo para Panamá. No porque todo esté resuelto, sino porque el mundo está atravesando una transformación profunda, y los países que entiendan su rol en este nuevo escenario serán los que logren crecer y atraer inversión. Panamá tiene una oportunidad real de consolidarse como un hub logístico, comercial, turístico y financiero de relevancia internacional. Pero esa oportunidad no se aprovecha sola: requiere visión, decisiones claras y capacidad de ejecución.
El contexto global es claro. La guerra geopolítica y comercial entre las grandes potencias está redefiniendo las cadenas de suministro. Empresas que durante décadas produjeron en Asia hoy buscan diversificar riesgos, acercarse a sus mercados finales y operar en países estables, confiables y bien conectados. En ese tablero, Panamá no es un espectador: es una pieza estratégica.
La Zona Libre de Colón vuelve a tomar protagonismo. Ya no solo como zona de reexportación, sino como plataforma para el ensamblaje, la transformación, la distribución regional y la manufactura ligera. Panamá, como país asociado al Mercosur y con el avance del acuerdo Mercosur–Unión Europea, puede convertirse en un puente natural entre América del Sur, América del Norte y Europa. Esto abre oportunidades reales para atraer empresas que busquen producir o agregar valor desde un punto logístico eficiente y con acceso preferencial a múltiples mercados.
Nuestra ventaja competitiva es clara: estabilidad política, economía dolarizada, conectividad aérea y marítima, el Canal, puertos de clase mundial y zonas económicas especiales. En un entorno en el que muchos países enfrentan inestabilidad, inseguridad o incertidumbre regulatoria, Panamá ofrece algo que hoy es altamente valorado por los inversionistas: previsibilidad.
La logística seguirá siendo uno de los grandes motores del crecimiento. Pero no camina sola. Viene acompañada de servicios, comercio, tecnología y talento. A esto se suma el crecimiento del turismo, que ya muestra señales claras de recuperación y expansión. Panamá está dejando de ser solo un país de tránsito para convertirse en un destino en sí mismo: naturaleza, ciudad, gastronomía, playas, cultura y negocios. Cada turista genera empleo, consumo e inversión, y fortalece la marca país.
Sin embargo, sería irresponsable pintar un panorama sin reconocer los retos. Uno de los desafíos clave es la reactivación efectiva de proyectos. Infraestructura, energía, logística, turismo y desarrollo urbano no pueden quedarse en anuncios. El país necesita ejecución, cronogramas claros y coordinación público-privada. Cada proyecto que se detiene envía una señal negativa; cada proyecto que avanza genera confianza y atrae capital.
A los inversionistas internacionales, el mensaje es claro: Panamá está listo. Listo para recibir inversión, para asociarse y para crecer. No somos un país perfecto, pero sí un país con una posición estratégica privilegiada, experiencia logística comprobada y una vocación histórica de apertura al mundo.
El 2026 no será un año de milagros. Será un año de decisiones. Y las decisiones que tomemos hoy definirán el rumbo económico de la próxima década. Panamá siempre ha sido un país de tránsito. Hoy tiene la oportunidad de ser también un país de transformación, valor agregado y crecimiento sostenible.
El momento es ahora. El mundo se está moviendo. Panamá no puede quedarse atrás.
El autor es presidente de la Cámara de Comercio de la Zona Libre de Colón.
