Un diputado denuncia que el «pan» que dan los hospitales (la comida) es de mala calidad. La CSS se queja, saca un comunicado para defenderse, pero van circulando testimonios que dicen que es cierto lo de la mala calidad alimenticia: no hay para pan, pero hay para circo: el Mundial de fútbol se acerca, y alguien plantea la idea absurda de apoyar «el derecho al ocio» de los privados de libertad, es decir, habría que considerar la posibilidad de poner un televisor para que puedan disfrutar de la «sele» y de sus éxitos.
Más de treinta personas participaron en la renovación del escudo de la selección de fútbol, ¡treinta!, y si hacemos la pregunta seria de ¿cuánto costó?, ¿quién lo pagó?, ¿cuánto vale que con la marca país se vaya a un mundial?, ¿quién se lucra con todo esto?, la gente lo asume como falta de patriotismo en lugar de asumir una genuina preocupación por el uso del dinero público. La verdad es que Panamá, como país, no está para esos gastos, vistos los números de desempleo, economía sumergida y pobreza, pero siempre es más fácil cantar goles que contar los problemas.
Pan y circo, y un escudo en una camiseta para que nos saquen los dólares, pero «tá bien», la gente va a vender su «saus» o su comida o sus pintas durante los juegos de la «sele», eso es «trabajo digno», esa es «lucha», pura «patria», viva el panameñito que se saca la madre para sobrevivir, cuando el pecado de estos gobiernos es abrir más mercados de miseria para que la gente compre barato, en lugar de crear empleos estables que generen confianza de los de dentro y los de fuera.
Seguimos viviendo la ilusión de «Dios es panameño», no reconocemos la decadencia que galopa a sus anchas por el país. Que nadie confunda la estancia de turistas por redes con la realidad que se vive en la mayoría de los hogares panameños.
