Parece que la visión de todos los gobiernos de turno, y de sus ministros de Gobierno y Justicia, en torno a la delincuencia es la represión y no la prevención.
Prevenir la delincuencia gira en torno a muchos factores, y algunos de estos se encuentran en la desintegración familiar y en los modelos de familia conocidos como “disfuncionales”.
Mientras temas como la falta de oportunidades para la juventud, los salarios dignos, la atención al problema de la violencia intrafamiliar, la corrupción sin castigo en las altas esferas del gobierno y la ausencia de docencia espiritual y moral en escuelas y universidades sigan presentes, estaremos “lloviendo sobre mojado”, y el tema de la resocialización seguirá en la línea de la propaganda y la taquilla para los ministros de Seguridad, que en su mayoría fueron nombrados por fidelidad política y no por capacidad.
Cada cárcel nueva que se inaugura, independientemente de su epíteto de “más humana”, sigue siendo un encierro, y dentro de sus estructuras se seguirán reproduciendo los mismos vicios y el mismo reclutamiento al mundo del hampa, igual que en una cárcel “vieja”.
¿Es que acaso esto no lo saben la ministra Montalvo y sus flamantes asesores?
¿Por qué no muestran las estadísticas reales de cuántos detenidos(as) que lograron su libertad regresan al “encierro de las cárceles”? Sencillo: porque se ha convertido en una forma de vida, y a muchos hasta les encanta la transición breve entre la libertad y el cautiverio. Es una suerte de subcultura que impera en casi toda Latinoamérica.
Cuando los cárteles de la droga se toman las cárceles con sus jugosas ofertas a custodios, policías y funcionarios, ¿qué puede hacer el “show de la resocialización”? Casi nada.
Es lamentable que la improvisación, la incapacidad, la politiquería, la falta de voluntad y la ausencia de un análisis y de programas serios en torno al tema de la delincuencia sigan ocupando espacios en los medios de comunicación y que sigamos profundizando aún más la violencia en nuestro país. Señores, entiendan que a mayor cantidad de cárceles —aunque parezcan castillos— se sigue representando un rotundo fracaso como sociedad.
El autor es sociólogo y docente.

