Cada mañana, los periódicos en Panamá reportan noticias horrorosas sobre algún acto de violencia contra una mujer. Desafortunadamente, la violencia contra la mujer es demasiado común y muchas veces los agresores no son llevados ante la justicia. A nivel mundial, una de cada tres mujeres ha vivido violencia física o sexual en sus vidas; ONU Mujeres indica que la pandemia de la covid-19 ha disparado estas estadísticas.
Existen muchas formas de violencia contra las mujeres, pero la mayoría de los casos lo comete una pareja íntima masculina. Si bien esta violencia puede ocurrir a cualquier edad, sus expresiones más preocupantes ocurren durante la adolescencia. La violencia de noviazgo puede tener consecuencias de por vida para sus víctimas, incluyendo relaciones similares en la adultez, trauma emocional crónico y consecuencias físicas irreversibles como la muerte. Un reciente estudio sobre adolescentes de 14 a19 años de edad en colegios oficiales urbanos de Panamá muestra una prevalencia muy alta de violencia en el noviazgo: el 65% de niñas reportó algún tipo de violencia (emocional 62%, 8% física y 21% sexual) en algún momento de su corta vida.
A manos de parejas íntimas masculinas, la violencia contra la mujer es impulsada principalmente por la inequidad de género y las expectativas sociales que normalizan la violencia en los ámbitos legales, estructurales, sociales e individuales. A nivel individual, los rasgos masculinos hegemónicos que conducen a perpetrar la violencia contra la mujer también se han visto entre los hombres que participan en la desvalorización de las mujeres, la homofobia y la violencia interpersonal en general. Los sociólogos indican que es probable que estos comportamientos sean el producto de las inseguridades y contradicciones que viven los hombres debido a que asumen, sin cuestionar, las normas sociales dictadas por la desigualdad de género.
Para encarar la violencia contra la mujer en Panamá necesitamos intervenciones preventivas que, además de llevar a los agresores ante la justicia, empoderen y apoyen a las mujeres y niñas. Esto requiere también promover las expectativas compartidas de comportamientos apropiados de los hombres, desmontando la aceptación de la violencia y otras creencias normativas dañinas profundamente arraigadas en la actualidad.
El 25 de noviembre es el Día Internacional para Eliminar la Violencia contra la Mujer. La ocasión es buena para recordar que los hombres son parte de la solución.
La autora es epidemióloga en el Instituto Conmemorativo Gorgas de Estudios de la Salud e integrante de Ciencia en Panamá.

