En 1513, un migrante ansioso por conquistar nuevas tierras, en busca de un mejor futuro, atraviesa la densa selva del Darién. Vasco Núñez de Balboa, aunque creyó haber llegado al cielo, lo que observaba eran las aguas del mar más extenso del planeta.
La travesía, como la que enfrentan miles de migrantes 500 años después, no ha dejado de ser una verdadera odisea.
Según cifras del Servicio Nacional de Migración, hasta octubre de 2022 han ingresado de forma irregular 211,355 personas por Darién. Los nacionales de Venezuela, Ecuador y Haití ocupan los primeros lugares en la lista. Sin embargo, ciudadanos de países tan lejanos como Uzbekistán, Mauritania y Burkina Faso, también realizan el recorrido con un destino común: Estados Unidos.
Situaciones de inseguridad, de violencia y de pobreza y la esperanza por encontrar mejores condiciones de vida empujan a estas personas a abandonar sus países de origen en busca de oportunidades. Hay quienes no están dispuestos a dejar atrás a sus familias. Es por ello que se ven obligados a enfrentar peligros y amenazas en áreas inhóspitas, atravesando el único tramo en el que la carretera Panamericana se interrumpe, junto a sus hijos o a menores allegados a sus entornos familiares.
Según datos de Unicef, en los primeros 10 meses de 2022 cerca de 32,488 niños, niñas y adolescentes han cruzado el tapón del Darién, 10% más que en 2021. De este preocupante número, se registran alrededor de 900 menores no acompañados, una cifra 400% veces mayor que la de años anteriores. Cada historia es una vida impactada por el sufrimiento, una luz que se apaga en la selva de Darién.
Unicef destaca que, una vez en la selva, los niños y niñas son expuestos a escasez de insumos necesarios para su salud como agua segura y alimentos. Se arriesgan a ser atacados por animales salvajes, picaduras o al crecimiento súbito de ríos y a diversas enfermedades. El estrés y el peligro de la travesía deja a muchos niños y niñas en riesgo de trauma emocional. Por ello, esta organización tiene presencia en diversas estaciones de recepción migratoria en las que se provee agua, implementos de higiene, atención psicosocial y servicios de salud materno-infantil.
El 20 de noviembre de 1959 se aprobó la Declaración de los Derechos del Niño por todos los Estados miembros de la ONU. Este documento norma que “el niño es reconocido universalmente como un ser humano que debe ser capaz de desarrollarse física, mental, social, moral y espiritualmente con libertad y dignidad”. Surge la pregunta, ¿vale la pena arriesgar a un menor a una experiencia traumática en la búsqueda de un fin que su familia considera “mayor”? Recordemos que el tapón del Darién es sólo un tramo de la extensa travesía desde sus países de origen hasta su destino.
Completar el trayecto puede tardar meses o, incluso, años y no hay garantía de que sea exitoso.
Es una interrogante sin respuesta para la que existen una infinidad de variables que deben ser sopesadas antes de que cada padre, madre o cuidador tome una decisión.
Para algunos, el final de su recorrido puede significar acceder a una vida mejor que la que tienen en sus países de origen. Para otros, puede implicar una traumática experiencia de la que no se recuperarán. Cada niño y niña cuenta una historia diferente, distintas ilusiones, sueños y aspiraciones. No sabemos cuáles serán historias de éxito.
La realidad es que el futuro de estos menores es incierto. No obstante, podemos amparar cada vida como un faro de luz y no permitir que se apague.
Desde Jóvenes Unidos por la Educación, reiteramos que en Panamá es necesario tomar acciones vinculantes apegadas a los principios universales garantizados en la Convención Interamericana, para proteger a la niñez migrante. Aseguremos que durante su estadía en el territorio panameño, sin importar su nacionalidad, raza, sexo o religión, los menores no experimenten situaciones en las que su seguridad y bienestar estén en riesgo y que, por el contrario, seamos el combustible que mantenga la luz brillando. Seamos el resguardo seguro para la niñez migrante.
El autor es psicólogo y miembro de Jóvenes Unidos por la Educación.

