La sociedad panameña está formada por ciudadanos que ejercen distintos oficios o profesiones dentro del ámbito personal y socioeconómico.
Cada sector económico del país requiere personas cuyas aptitudes y actitudes configuren un perfil profesional idóneo, capaz de desempeñar funciones complementarias y sostener un sistema económico y social que nos permita desarrollarnos como nación.
Cada ciudadano escoge la actividad a la que se dedicará a lo largo de su vida dentro de la sociedad panameña y puede tener diversas razones para hacerlo. Sin duda, uno de los aspectos más relevantes en esa elección es la vocación. Este concepto suele asociarse con dimensiones emocionales como la afición, la preferencia o el gusto por una actividad, ya sea en el arte, las ciencias, la educación, el comercio o la producción agropecuaria.
Quizás una de las profesiones más arraigadas en la vocación sea la docencia, ejercida en los niveles primario, secundario, universitario e incluso informal. Quien enseña requiere disposición para transmitir conocimientos, orientar procesos formativos y acompañar el desarrollo de otras personas, en un contexto educativo dinámico, hoy transformado por herramientas como la inteligencia artificial. La vocación es también la fuerza que impulsa al médico a aliviar una enfermedad y a la enfermera a atender con entrega a quien llega en estado grave.
Es el impulso del profesional del Derecho a litigar en defensa de una causa que considera justa y conforme al Estado de Derecho, aun cuando otros no la compartan. Es el motor del productor de arroz que cultiva su tierra y lleva su cosecha a los mercados nacionales para contribuir a la seguridad alimentaria. Es la fuerza del biólogo que busca demostrar la relevancia del estudio de la vida ante la comunidad.
Es la motivación del ingeniero civil para revisar con rigor sus proyectos, consciente de que un puente mal construido puede convertirse en una trampa mortal. Es la perseverancia del veterinario que atiende a un animal herido tras un accidente, decidido a salvarlo. Es, para el sacerdote o pastor, la fuerza interna para predicar su fe y compartirla con la comunidad. Es el combustible de los periodistas para investigar y difundir información veraz al servicio de la sociedad.
Como ciudadanos de un país en crecimiento como Panamá, estamos llamados a fortalecer nuestras respectivas vocaciones en beneficio del desarrollo nacional.
El autor es profesor especial de la Universidad de Panamá/Centro Regional Universitario de Los Santos.
