Durante las últimas décadas, nuestro país ha venido atravesando un proceso de rescate y fortalecimiento cultural de nuestras siete lenguas indígenas, las cuales constituyen un hito que marca nuestra identidad como país soberano. Estos siete pueblos originarios —Ngäbe, Buglé, Guna, Emberá, Wounaan, Bri Bri y Naso Tjër Di— representan una vasta riqueza cultural lingüística que nos lleva a enfrentar el desafío de preservar estas lenguas, algunas próximas a desaparecer. Sin embargo, las expectativas apuntan a un cambio de panorama, impulsado por iniciativas gubernamentales, comunitarias y educativas que abren una esperanza para evitar su pérdida.
Lenguas como el ngäbere, el guna, el emberá y el wounaan mantienen una presencia significativa; no así el buglere y el naso tjerdi, que luchan por mantenerse vivas frente a la globalización y el avance del español. En ciertas áreas, tanto rurales como urbanas, los adolescentes están revitalizando la lengua de sus ancestros porque sienten orgullo de mantener viva su herencia cultural.
Distintas organizaciones indígenas, junto a sus líderes, el Ministerio de Educación y diversas universidades han implementado programas de educación bilingüe intercultural —como los de la Universidad Especializada de las Américas (Udelas)— donde se promueve la enseñanza de leer y escribir la lengua materna desde los primeros años escolares. Con ello se fortalece la alfabetización y el respeto hacia la diversidad cultural del país.
El impulso de proyectos comunitarios, talleres, festivales y la creación de contenidos audiovisuales en lenguas originarias, con el apoyo de las redes sociales y plataformas digitales, marca un hito en las nuevas generaciones para impulsar la revitalización lingüística.
Esta revitalización representa la resistencia y la dignidad de los pueblos indígenas que no desean que su lengua desaparezca, ya que es una forma de reafirmar su derecho a ser escuchados y a existir. La lengua no es solo una forma de comunicación; es también un espacio donde convergen la memoria colectiva, la cosmovisión y, sobre todo, los valores ancestrales.
Queda un largo camino por recorrer, con múltiples desafíos. Sin embargo, el resurgimiento de las lenguas indígenas en Panamá representa una oportunidad para construir un país más inclusivo, que reconozca y valore su diversidad. Cada palabra recuperada, cada niño que aprende a saludar en la lengua de su pueblo, es una pequeña gran victoria para la historia y el futuro de la nación.
La autora es docente de inglés e investigadora de la Universidad Especializada de las Américas.


