La tensión geopolítica ha emergido como una variable estructural que condiciona las decisiones corporativas, no solo para las empresas multinacionales, sino también para las multilatinas, pymes y empresas familiares de gran tamaño.
Esta semana recibí, por parte de la Asociación de Directores de Comunicación de España, de la cual soy miembro, un análisis sobre cómo la escalada de la tensión internacional ha situado a la geopolítica en el centro de la agenda empresarial, impactando directamente en la comunicación y la reputación de las empresas.
En un contexto en el que la polarización global se intensifica, la comunicación corporativa se convierte en una función cada vez más estratégica, ya no como la hemos entendido hasta ahora, sino que debe profundizar en la necesidad de comprender el entorno internacional que condiciona mercados, percepciones y riesgos.
El reciente informe Global Risks Report 2026 del Foro Económico Mundial (WEF) respalda esta lectura: la confrontación geoeconómica, definida como el uso de herramientas económicas como instrumentos de presión estratégica entre Estados, se consolida como la principal amenaza a la estabilidad global en 2026, desplazando incluso al conflicto armado tradicional como el riesgo más urgente.
Esto quiere decir que hoy no hablamos únicamente de riesgos políticos tradicionales, sino de un entorno en el que las disputas por recursos, balanzas comerciales y la regulación de las cadenas de valor someten a las empresas a escenarios de incertidumbre permanente.
La geopolítica comienza a influir de manera directa en las decisiones de la gestión empresarial y de sus marcas corporativas y comerciales; determina dónde y cómo las marcas pueden operar, afecta las alianzas comerciales y condiciona la percepción de los stakeholders. La consecuencia es clara: el principal riesgo no se encuentra en el relato, sino en la incoherencia entre decisiones, alianzas y comportamiento real, como destaca la Asociación de Directores de Comunicación de España.
Esto implica incorporar un análisis geopolítico sistemático en los procesos de decisión, desarrollar capacidades internas en relaciones internacionales y asuntos públicos, y reforzar la diplomacia corporativa. La credibilidad de una organización hoy no reside simplemente en un comunicado bien escrito, sino en la solidez con la que se toman y explican decisiones complejas en un mundo de creciente competencia y polarización.
Otro elemento crucial resaltado por el Global Risks Report 2026 es que este nuevo orden marcado por la confrontación, la fragmentación y la volatilidad no se revertirá fácilmente. Más de mil expertos a nivel mundial advierten que la era de la competencia geoeconómica dominará no solo los próximos dos años, sino posiblemente la próxima década, afectando la cooperación internacional, los flujos comerciales y las reglas del juego global.
Por ello, los departamentos de comunicación no pueden permanecer aislados de la estructura estratégica de las organizaciones. Su rol debe evolucionar hacia un enfoque basado en la anticipación, la comprensión del contexto y la coherencia entre discurso y acción.
Hoy más que nunca, la comunicación corporativa es un factor de ventaja competitiva y un escudo frente a riesgos cuya probabilidad y gravedad ya están siendo confirmadas por líderes globales.
El autor es fundador de Semiotik.
