Las rutas que facilitan la conectividad global, como el Canal de Suez, el Canal de Panamá, el estrecho de Ormuz y la nueva ruta polar, han sido históricamente puntos de interés para las potencias mundiales que buscan influir en el comercio internacional. Todas estas vías están expuestas a conflictos geopolíticos, ya que suelen ser codiciadas por países que buscan ejercer dominio mediante presiones estratégicas o acciones bélicas.
China ha entendido que la logística va más allá de la infraestructura, y la concibe como un instrumento de poder estratégico.
Entre sus estrategias figura la implementación de sistemas de navegación inteligentes que automatizan el tránsito y optimizan el tráfico fluvial. Destaca la próxima inauguración del Canal de Pinglu, una obra de 135 kilómetros que requirió una inversión de US$10,000 millones. Este canal tiene como propósito conectar ríos con el mar, brindando alternativas logísticas y reduciendo distancias. Uno de sus principales objetivos es ofrecer acceso al mar a ciudades interiores, lo que permitirá ahorrar hasta 560 kilómetros de recorrido por carreteras convencionales.
El sistema fluvial del Canal de Pinglu incluye dos esclusas de 300 metros de largo y 34 de ancho, diseñadas para salvar hasta 65 metros de altura. Estas esclusas están equipadas con tecnología avanzada que permite operaciones rápidas y eficientes, optimizando el uso del agua y reduciendo desperdicios. Las embarcaciones que podrán transitar tendrán una capacidad máxima de 5,000 toneladas, considerablemente menor que las de los canales de Panamá y Suez, que permiten más de 50,000 toneladas.
También se han construido numerosos puentes para mantener la conectividad terrestre, así como áreas destinadas a la protección ambiental, incluyendo pasos especiales para peces y fauna silvestre, como un corredor de 480 metros para migraciones sin interrupción.
La construcción del Canal de Pinglu permitirá la creación de un nuevo corredor comercial, conectando ciudades interiores directamente con mercados internacionales. Esta medida fortalecerá y diversificará las rutas de exportación e importación entre Asia, África y Europa, disminuyendo la dependencia de los mercados estadounidenses.
El sistema de transporte intermodal fluvial-marítimo reducirá los costos logísticos, beneficiando tanto a empresas como a consumidores con precios más bajos, al facilitar el traslado de mercancías con menos trasbordos, menor tiempo de espera y menor movilidad terrestre. Esta reducción de costos contribuirá a incrementar la penetración global de los productos chinos, dificultando que la competencia iguale su eficiencia.
Desde hace décadas, China ha visualizado la conexión de Asia, Europa y África mediante rutas marítimas y terrestres, dando origen a la iniciativa de la Nueva Ruta de la Seda. Inspirada en las antiguas rutas comerciales que transportaban seda y especias desde Oriente hacia Europa, la versión actual se basa en dos ejes principales: la ruta marítima parte desde los puertos del sudeste asiático, cruza el Canal de Suez hasta llegar al Mediterráneo; y la ruta terrestre utiliza principalmente el ferrocarril para unir China con Asia Central, Rusia y Europa del Este.
Para ello se construye la ruta ferroviaria China-Mongolia-Rusia, diseñada para transportar materias primas hacia puertos chinos. Este corredor recorre 1,000 kilómetros por el desierto de Gobi, conectando las ciudades de Erenhot (China) con Ulan Bator (Mongolia) y llegando hasta Naushki, en Rusia, sumando 1,800 kilómetros en total. Está diseñado para transportar vagones de alta capacidad a velocidades de hasta 120 km/h y operar todo el año, incluso en condiciones climáticas extremas.
Al garantizar el suministro ininterrumpido de materiales críticos, China se posiciona como un actor clave en la geopolítica mundial y mantiene su liderazgo en el procesamiento de tierras raras y cobre, procesando el 85% de uno y el 40% del otro, según la demanda global. Esto constituye un blindaje frente a competidores y asegura la cadena de valor.
La Nueva Ruta de la Seda refuerza el eje económico regional y reduce la vulnerabilidad ante bloqueos geopolíticos, bélicos o arancelarios que podrían afectar el flujo de materias primas necesarias para mantener la productividad y satisfacer las necesidades del país.
Mientras otra potencia mundial enfrenta conflictos con sus aliados al establecer barreras arancelarias punitivas, distanciándose de ellos, China consolida su liderazgo implementando decisiones de gran alcance y fortaleciendo su posición en el comercio global. Ejemplo de ello es la cooperación estratégica de China con Japón y Corea del Sur, integrando uno de los bloques más poderosos que, combinados, podrían alterar el equilibrio económico global.
El autor es ciudadano.


