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Invertir temprano, crecer mejor: la apuesta de Panamá por la primera infancia

Invertir temprano, crecer mejor: la apuesta de Panamá por la primera infancia

La primera infancia, el período que va desde el nacimiento hasta los 5 años, es una etapa decisiva en la vida de las personas. Durante estos años, el cerebro se desarrolla a una velocidad extraordinaria, formando más de un millón de conexiones neuronales por segundo. Las experiencias tempranas, como las interacciones, el cuidado y la estimulación que reciben los niños, moldean la arquitectura cerebral y tienen efectos duraderos sobre el aprendizaje, la salud, la productividad y el bienestar a lo largo de toda la vida.

La evidencia científica es contundente: invertir temprano no solo transforma trayectorias individuales, sino que también fortalece el desarrollo económico y social de los países. Sin embargo, en América Latina y el Caribe, millones de niños siguen creciendo sin acceso a servicios de calidad de cuidado, nutrición y educación temprana. Y las consecuencias son profundas. Las brechas que aparecen en los primeros años tienden a ampliarse con el tiempo, limitando oportunidades educativas, laborales y sociales mucho antes de que un niño llegue a la adolescencia.

En Panamá, un nuevo estudio elaborado por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y el Ministerio de Desarrollo Social (Mides) aporta evidencia concreta sobre el impacto que puede tener una intervención oportuna. La investigación encontró que las niñas y los niños que asisten a los Centros de Atención Integral a la Primera Infancia (Caipi) públicos presentan mejoras importantes en el desarrollo del lenguaje, particularmente en vocabulario receptivo: su capacidad para comprender palabras que escuchan, leen o ven.

Puede parecer un avance pequeño, pero no lo es. El desarrollo del lenguaje es uno de los mejores predictores del aprendizaje futuro. Las niñas y niños que llegan a la escuela con mejores habilidades tienen mayores probabilidades de aprender a leer más rápido, comprender mejor, mantenerse en el sistema educativo y desarrollar trayectorias educativas exitosas.

Además, estos efectos no desaparecen con el tiempo. El estudio encontró que los avances en lenguaje seguían siendo visibles hasta seis años después de la intervención, cuando los niños ya cursaban la educación primaria. Esto confirma algo que la evidencia internacional señala desde hace años: el aprendizaje es acumulativo. Cuando un niño comienza la vida con mayores herramientas cognitivas y socioemocionales, tiene más posibilidades de seguir aprendiendo y desarrollándose en el futuro.

Los Caipi administrados por el Mides ofrecen mucho más que cuidado infantil. Son espacios de desarrollo integral que brindan servicios de alimentación, seguimiento a la salud, acompañamiento familiar y actividades de estimulación temprana a más de 2,600 niños en todo el país. Los resultados muestran que incluso un año de asistencia puede ayudar a reducir brechas que afectan especialmente a los niños más vulnerables desde sus primeros años de vida.

La importancia de estas iniciativas va más allá del ámbito social; es también una decisión inteligente desde el punto de vista económico. Diversos estudios muestran que invertir en programas de desarrollo infantil de calidad genera algunos de los retornos más altos entre las políticas sociales en América Latina y el Caribe. En contraste, el costo de no actuar es enorme. Según estimaciones de la revista Lancet, la falta de inversión en desarrollo infantil temprano le cuesta a la región alrededor del 1.6% de su PIB.

Por eso, ampliar la cobertura y mejorar la calidad de estos servicios es una inversión estratégica en capital humano. Con apoyo del BID, Panamá ha avanzado en fortalecer la calidad de los Caipi mediante formación docente, supervisión y mejoras en infraestructura y equipamiento. Estas acciones ya se han implementado en más del 60% de los 95 centros públicos del país. Actualmente, siete centros están siendo remodelados y cinco nuevos Caipi se encuentran en construcción en zonas urbanas que todavía carecen de oferta de servicios de primera infancia.

Al mismo tiempo, programas como “Cuidarte” y “Juego Aprendo” están llevando orientación y acompañamiento a familias en áreas rurales y de difícil acceso, a través de visitas domiciliarias que promueven prácticas de cuidado y estimulación temprana para más de 5,000 niños y niñas.

En una región marcada por profundas desigualdades, invertir en la primera infancia es una de las herramientas más efectivas para ampliar oportunidades desde el comienzo de la vida. Pero también exige algo fundamental: políticas sostenidas y decisiones basadas en evidencia. Estudios como el realizado en Panamá son importantes precisamente porque permiten medir qué funciona, cómo mejorarlo y por qué vale la pena seguir invirtiendo.

Al final, la discusión sobre desarrollo infantil temprano no trata únicamente sobre educación o cuidado. Trata sobre el tipo de sociedades que queremos construir. Porque lo que ocurre antes de los cinco años puede marcar el resto de una vida. Y también el futuro de un país.

La autora es fundadora y directora ejecutiva de la Fundación Voluntarios de Panamá.


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