El progreso en Panamá está plagado de errores, muchos de ellos graves, por falta de visión, pericia y experiencia en el campo ecológico. La Autoridad Nacional del Ambiente (ANAM), hoy Ministerio de Ambiente (Miambiente), es un ejemplo de debilidad institucional, no solo por falta de personal idóneo y de recursos, sino también por carencia de voluntad, emanada de actitudes permisivas, tráfico de influencias y amiguismo. Todos somos testigos de cómo prosperan proyectos –que con algunas honrosas excepciones– jamás debieron aprobarse, por carecer de estudios de impacto ambiental serios, consultados e imparciales. Aun así, se ha dado paso a estos errores escandalosamente visibles. A los ciudadanos no les queda más remedio que acudir a una Corte Suprema, cuya última prioridad es la justicia. Y las pruebas sobran: fallos tardíos que si hubieran salido a tiempo, los daños se habrían prevenido, pero sus decisiones son tardías y los daños, insubsanables.
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hoyporhoy
21 ene 2018 - 05:00 AM
