Por seis décadas Estados Unidos y Cuba han sido protagonistas de un drama político, que incluyó actos de espionaje, ataques mercenarios, la amenaza de una guerra nuclear, e incontables escaramuzas entre ambos países. En lo que parecía terminar con el último resabio de la Guerra Fría en el hemisferio occidental, Cuba y Estados Unidos habían emprendido un deshielo de sus relaciones, a partir de los más altos contactos, incluyendo los realizados en Panamá en el año 2015. Se avizoraba una era de normalidad en el comercio, el turismo y la migración. Ayer, el presidente Donald Trump rechazó lo avanzado, y para complacer a un grupo de sus electores en Florida, volvió a endurecer la política de su país hacia Cuba. Igual pudiese pasar con el apoyo a la implementación del acuerdo de paz en Colombia. Se descartaron los esfuerzos en materia de cambio climático, y múltiples otras iniciativas en curso se han vuelto a congelar. ¿Para qué? Esto es postergar innecesariamente la normalidad en el continente americano. Prolongar esta situación es todo lo contrario a una diplomacia responsable e inteligente.
hoyporhoy
17 jun 2017 - 05:00 AM
