En la evaluación más reciente sobre la situación del trabajo infantil en Panamá, nuestro país registró 23 mil 855 niños trabajadores, lo que es una reducción significativa frente a los 26 mil 710 que fueron identificados en los años 2014-2015.
Aunque esta es la cifra de incidencia más baja de la región latinoamericana, la misma retrata una situación perversa, en la cual la niñez ha perdido su derecho a la educación, la salud, y a vivir propiamente como niños.
Es claro entender que el trabajo infantil que se cuestiona no es aquella actividad educativa familiar, en la que se aprende sobre la vida o se realizan oficios caseros.
Las labores cuestionadas son las del machete, la mendicidad, la de las fábricas, las de la construcción, y otras en las cuales no hay derechos ni calidad de vida sana para los niños.
No podemos dormirnos en nuestros laureles, ya que es muy fácil perder lo que se ha avanzado. El trabajo infantil existe allí donde no hay educación sexual, acceso a la salud y una familia estable.
Se necesita conjugar todas las políticas públicas para erradicar este mal, a fin de fomentar familias saludables y devolverle la sonrisa a todos los niños.
