Las andanzas de Odebrecht en el extranjero sirven de parámetro de medición de lo que puede suceder si nuestras autoridades no actúan con determinación. Por ejemplo, en Ecuador esta empresa rehúsa cooperar en las investigaciones, si es sancionada con multas y obligada a compensar los daños ocasionados por su conducta. Mientras en Colombia y en Perú, se desenmaraña la red de corrupción y siguen cayendo personajes de alto perfil, en Panamá no es muy clara la estrategia que el Estado tiene para recuperar el dinero perdido en coimas y sobrecostos. Es imprescindible el esfuerzo para desmantelar la estructura empresarial que sirvió para lavar y esconder la danza de los millones de dólares, que ahora estrangula al país como parte de nuestra deuda pública. Todavía hay demasiados cabos sueltos en los planteamientos de la Contraloría General de la República y el poder ejecutivo. El silencio de las autoridades alimenta la desesperanza. Casi parece como si no quisieran que toda la verdad se sepa, y que los grandes culpables eviten la justicia.
hoyporhoy
25 mar 2017 - 05:00 AM