El año 2016 se perfilaba glorioso para Panamá. La inauguración del tercer juego de esclusas del Canal y la salida de la lista gris del Grupo de Acción Financiera Internacional (GAFI) proyectaban importantes logros económicos e institucionales para el país. Se suponía que la agenda pública sería dominada por los procesos al expresidente Ricardo Martinelli, las reformas electorales y la actualización de los planteamientos educativos y sanitarios sobre la salud sexual y reproductiva de los estudiantes. Aunque esos temas fueron insumo de importantes debates nacionales, dos asuntos convocaron la mayor atención política y provocaron un fuerte cuestionamiento de la imagen panameña en el exterior. El caso de la firma de abogados Mossack Fonseca puso de relieve el incumplimiento de las obligaciones internacionales que nuestro país había adquirido y que simplemente no eran acatadas. A su vez, la divulgación de una parte de la tenebrosa historia de los sobornos pagados por la empresa Norberto Odebrecht a funcionarios panameños y sus allegados confirmó el sinsentido de la clase política y la fragilidad de nuestro sistema de justicia. Estos dos grandes escándalos son, en el fondo, uno solo, facetas de la opacidad de la política y la debilidad del Estado de derecho. El año 2017 debe, necesariamente, conducir a una nación más fuerte por su honestidad e integridad, y por el combate sin cuartel contra la corrupción. Esa es la ruta para dejar de ser protagonistas de escándalos internacionales y convertirnos en un ejemplo mundial.
hoyporhoy
31 dic 2016 - 05:00 AM
