El Instituto de Mercadeo Agropecuario (IMA) ha desnaturalizado la misión fundamental de su existencia. En vez de procurar comida barata, resultado de una mayor eficiencia y mejoramiento de la logística del productor nacional, se ha convertido en un importador y revendedor más. Esta situación se complica con el espectáculo del clientelismo e injerencia política en las decisiones de ubicación y distribución de las ferias. No es de sorprenderse que una diputada de la República utilice en su favor los recursos humanos y los productos que promueve el IMA. Para adquirir alimentos baratos, el pueblo tiene que participar de un festín populista. Es hora de reformar el IMA y gestionarlo con un patronato para mantenerlo libre de la influencia de los que pretenden negociar con las importaciones, al igual que se le debe mantener lejos de las manos de diputados y otros que buscan de manera burda recoger los favores electorales de una población necesitada. La Corte Suprema de Justicia tiene en sus manos empezar el rescate del IMA, castigando a aquellos políticos que abusan de la pobreza ajena como un medio para promoverse.
hoyporhoy
30 dic 2016 - 05:02 AM
