Ayer en su mensaje de Navidad, el papa Francisco le recordó al mundo la terrible situación de los migrantes y refugiados de Siria. Aun cuando no se trata de un tema religioso, sin duda lo es de simple humanidad. Ahora que el dictador sirio Bashar al Assad ha recuperado el control de Alepo, la población intenta escapar del terror de los bombardeos rusos y occidentales para enfrentarse al horror de las torturas y mazmorras del régimen. La Siria que existía hace apenas cinco años, hoy es un recuerdo en la mente de millones de refugiados que vagan por las calles del Medio Oriente, Asia menor y toda Europa. Delante de nuestros ojos, y con toda la impotencia que el sistema internacional es capaz de tolerar, se perpetraron crímenes contra la humanidad y la dignidad de la especie. Las respuestas fueron ataques aéreos y el financiamiento de una infructuosa guerra de guerrillas. Los fanáticos del Estado islámico aprovecharon el vacío de poder para hacer de las suyas y mantener como rehenes a millones de personas. Siria nos recuerda todo lo que está mal con el sistema mundo y quienes integran los organismos internacionales existentes.
hoyporhoy
26 dic 2016 - 05:00 AM
