Los mejores talentos y las personas más comprometidas deberían ser quienes formen parte de los órganos colegiados que dirigen a las entidades autónomas o semiautónomas, las empresas estatales, los patronatos y otras organizaciones públicas. Las juntas directivas deben cumplir una función de vigilancia del patrimonio común de todos los panameños. Además, deberían promover la buena marcha de la institución que ayudan a regentar. En los últimos tiempos, intereses personales, conflictos de intereses y hasta ineptitud han castigado severamente al país. Todas aquellas personas que han sido designadas por los poderes políticos en estos cargos, tienen el deber de la ingratitud hacia la autoridad nominadora. Atrás debe quedar el besamanos protocolar; el espaldarazo amistoso a cuanta iniciativa provenga del Ejecutivo, sin importar lo descabellado que sea; y el simple “no me importa lo que hagan los demás” en esta junta directiva. Es tiempo de escoger mejor y de exigir más de los que lideran nuestras organizaciones estatales. Servir al país debe ser un honor y no un negocio.
hoyporhoy
27 oct 2016 - 05:00 AM
