Desde todo punto de vista y en cualquier campo, la figura de la reelección inmediata es perniciosa para la solidez de las instituciones democráticas. Cala muy bien en regímenes autocráticos al constituirse en barrera natural frente a cualquier cambio posible y con ello priva del servicio público a otras figuras de la sociedad. Bien ha quedado plasmado en nuestra Constitución que el presidente de la República no puede ser reelegido por dos períodos siguientes al término de su mandato. Y así lo ha entendido este país al rechazar a quienes lo han intentado. Eso deberían tenerlo muy claro los que integran nuestras instituciones, particularmente en la Corte Suprema de Justicia, la Asamblea Nacional y el Tribunal Electoral. No debemos convertir a hombres o mujeres, por muy valiosos que sean, en indispensables. Es un arma de doble filo. Y eso debe valer también para otras instituciones fundamentales del Estado. Por ello, sorprende que un magistrado, que ha conocido en carne propia lo dañino que puede ser la figura de la reelección, coquetee con quedarse por un tercer período en el puesto. Todos debemos aprender a decir: “Muchas gracias, pero no”.
hoyporhoy
10 sep 2016 - 05:00 AM
