En los últimos 30 años, los cambios de zonificación, a la carta, han beneficiado a allegados al poder. De esta forma, se ha disminuido la calidad de vida en muchas zonas de la ciudad. Bella Vista, San Francisco, Betania, Clayton y Coco del Mar son apenas unos ejemplos que demuestran cómo la especulación inmobiliaria ha castigado la convivencia de sus residentes. Una familia que haya hecho su mejor esfuerzo en adquirir y mantener una vivienda como hogar propio, debe enfrentar la incertidumbre provocada por la construcción de un rascacielos en un predio colindante, o que un centro comercial sature el tráfico de sus vías de acceso, y hasta que un burdel se acomode en su vecindario. La seguridad jurídica de los ciudadanos es inexistente, mientras que los promotores y los políticos que les benefician con su gentileza, se han tomado la ciudad como su botín. La primera obligación de los gobiernos es no causar daño alguno. El imperativo de las ganancias privadas no debe realizarse a costa del perjuicio y sufrimiento de terceros. Solo con el respeto se puede construir un gran país para todos.
hoyporhoy
30 ago 2016 - 05:00 AM