Como parte del cierre de su larguísima administración, el rector magnífico de la Universidad de Panamá (UP) ha hecho que los órganos de poder de nuestra máxima casa de estudios le otorguen generosas bonificaciones al personal académico y administrativo, incluyéndolo a él, por su retiro o jubilación. Como si fuera parte de una realidad paralela, ninguno de los entes de fiscalización o veedurías del Estado o la sociedad civil han actuado. ¿Dónde están el contralor general, los procuradores, el defensor del pueblo y un largo etcétera, para proteger los intereses del país? Como si no hubiese pasado nada, ni escándalos de tierras, ni diplomas falsificados, ni fundaciones espurias, pareciera que la cabeza nunca supo lo que hizo el cuerpo. El valor ejemplar de evitar que se repita lo que sucedió en la UP en los últimos 20 años requiere que no se olvide cada caso, ni se permita la impunidad. La mejor educación solo es el resultado de un comportamiento ético y una conciencia crítica, y eso ha estado ausente por dos décadas en la Casa de Méndez Pereira.
hoyporhoy
19 ago 2016 - 05:00 AM
