Si los hombres fuesen ángeles, no se necesitarían gobiernos, leyes o a los tribunales de justicia. Nunca ha sido esto más cierto en tiempos recientes, que con el comportamiento de nuestro Órgano Judicial. No pasa semana sin que el magistrado presidente de la Corte Suprema de Justicia se vea involucrado en una nueva controversia. La más reciente se refiere al nombramiento de dos protegidos del alto funcionario que, presuntamente, para anular las incompatibilidades establecidas por el Código Judicial, se divorciaron, a pesar de que mantienen su núcleo familiar. El magistrado presidente esperó la promulgación de la Ley 53 de 2015 de Carrera Judicial, que derogó el principal artículo de incompatibilidades, para tramitar la denuncia que se presentó. Curiosamente, se invoca la carrera judicial para cerrar el caso, mientras que a la vez se la ignora olímpicamente, en la selección de 931 nuevos funcionarios del sistema penal acusatorio. Así, la Corte Suprema se ha convertido en un ejemplo del juega vivo y de la amoralidad de la política panameña. Los magistrados siguen sin entender para qué sirve la justicia, y los ciudadanos sufrimos por esto.
hoyporhoy
13 ago 2016 - 05:00 AM
