Desde su inauguración en 2014, la seguridad ha sido el talón de Aquiles del estadio Maracaná, segundo en importancia del país. El fácil acceso que tiene el público a la cancha ha derivado en incidentes violentos como el que ocurrió este sábado, cuando, ante la mirada impasible de la Policía, grupos de aficionados impusieron el caos y la destrucción durante el partido entre el Plaza Amador y el Árabe Unido de Colón. Los hechos ponen más sombras sobre los clubes, criticados por los bajos salarios que pagan a los jugadores, y sobre la dirigencia del fútbol nacional. Ahora se evalúan los daños causados por los aficionados, quienes demostraron que a nuestra sociedad le falta mucha educación para valorar lo que se construye con el dinero de todos. Los dirigentes deportivos y las autoridades no solo deben evaluar la seguridad del Maracaná y sopesar las buenas prácticas de otros coliseos, sino también la venta de bebidas alcohólicas antes y durante los partidos. El deporte es un espectáculo para disfrutar en familia, no para generar riesgos para atletas y aficionados. Le corresponde a las autoridades tomar medidas antes de que suceda una desgracia.
hoyporhoy
16 may 2016 - 07:38 AM
