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El Ministerio Público Federal de Brasil empezó una investigación por el delito de tráfico de influencias, presuntamente cometido por el expresidente Luiz Inácio Lula da Silva, en favor de la constructora Norberto Odebrecht. Esto abre un nuevo capítulo en la saga de las contrataciones públicas panameñas. No existen excusas o pretextos para que finalmente, nuestro Ministerio Público y la Contraloría General inicien las investigaciones correspondientes que involucren cuanta licitación resulte contaminada por conflictos de interés y opacidad. Esperar que el drama brasileño, que ya arrastra al expresidente Fernando Collor de Melo, se transforme en una tragedia política panameña, es irresponsable. Los grandes logros sociales de “Lula” pueden quedar manchados por los negociados que ahora se descubren. Al parecer, las obras pasan, pero la corrupción se queda. Basta de permitir que se siga enlodando el nombre de nuestra nación. Actuar contundentemente contra la corrupción es el mejor camino que le queda por recorrer a la clase política panameña. Una democracia requiere el fin del silencio y de la indiferencia.

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