Por primera vez en la historia reciente del Canal, una parte del personal esencial para conducir sus operaciones hizo un paro de labores y, con él, se abrió una puerta que la prudencia había mantenido cerrada. Los panameños, como dueños de esa pieza crítica del comercio mundial, debemos preguntarnos si la disponibilidad de la vía debe ceder ante un reclamo laboral, aun en el evento de que este sea legítimo. El precedente establecido es peligroso y no puede ser aceptado buenamente como una táctica válida de presión contra la administración del Canal. El paro no solo afectó las operaciones de nuestro principal activo, sino que podría poner en duda nuestra capacidad de hacerlo funcionar responsablemente, en congruencia con el sacrificio de los mártires y el esfuerzo de las generaciones que lucharon para recuperar nuestra soberanía y, con ella, el control de esta importante empresa. Muy acertadamente, el Canal fue blindado con un título constitucional que ha servido para protegerlo de los vaivenes políticos y de los intentos de apropiación de sus beneficios por parte de distintos grupos de intereses. El Canal no solo debe constituir un ejemplo de ingeniería; debe ejercer el mismo rol ejemplar en su desempeño institucional, demostrando al mundo que sus actores son capaces de resolver sus diferencias por la vía del diálogo, asertivamente, pero procurando el tránsito seguro e ininterrumpido por la vía.
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14 abr 2018 - 05:00 AM