Hoy por hoy

Aburguesado y hastiado, el equipo negociador del gobierno se negó a recibir –e ingerir– la comida preparada con los productos alimenticios cuyos precios fueron congelados por el presidente, cuando el Ejecutivo tenía afán de calmar los ánimos de los grupos que protestan por el alto costo de la vida. Es lo mismo que ocurre con la salud, pues el presidente, su ministro de ese ramo –precisamente–, el alcalde de la ciudad capital y varios diputados, entre otros funcionarios, se atienden en especializados centros en el extranjero, despreciando la atención médica y los centros de salud que están bajo su propia responsabilidad. El mensaje que envían es bastante claro: lo mejor para ellos y, si algo sobra, para los demás. Lo ocurrido ayer fue un acto simbólico que dibuja de cuerpo entero el desprecio que siente por sus electores la casta política que nos gobierna. La mayor hipocresía material es la que está en el palacio de gobierno, junto a la silla presidencial. Allí está un taburete que Laurentino Cortizo ordenó instalar el primer día de su gestión, con la intención de “que no nos olvidemos de dónde venimos”. Con lo sucedido ayer en Penonomé, ya no hay dudas sobre lo insignificante que es ese símbolo para su equipo de gobierno.

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