Hoy por hoy

Ocurrió lo que todos esperábamos: Ricardo Martinelli, allegados y miembros de lo que fue su gabinete se ausentaron de la primera audiencia del proceso Odebrecht, caso en el que él y su gavilla se la han pasado acusando a los que han podido, pero a la hora de dar la cara, todos ellos se excusaron, en tanto que a los que tanto denunciaron, al menos se presentaron para enfrentar a lo que ellos ahora rehúyen cobardemente. Tal parece que la justicia se las arregla para hacer de estos sujetos inalcanzables. Es por ello que urgen cambios en el sistema judicial, porque las víctimas –en este caso el Estado– están en la indefensión: todo está amañado en su contra. ¿Alguna vez serán alcanzados por la justicia? Eso dependerá de la voluntad de jueces y magistrados y de cuán tolerante sea la sociedad ante una justicia genuflexa. Pero el mensaje intrínseco que recibimos los panameños de estas excusas es que esos que las presentaron temen quedar expuestos, que todo el país los vea desnudos, con sus discursos huecos. El escarnio público es un arma poderosa para los que tienen todo que perder, y mientras no se presenten ante un juez, su medroso mensaje llega alto, claro, manifiesto e inequívoco a todos nosotros.

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