Es casi imposible tener paz mental en Panamá cuando hay que vigilar de cerca a políticos carentes del más mínimo sentido común, pero con una voracidad que asusta, mientras el país da pasos agigantados hacia atrás. Médicos a los que se les debe dinero por sus jornadas de trabajo; decenas de especialistas sin poder entrar al sistema porque el presupuesto se usa para las sinvergüenzuras de siempre; políticos que, pese haberse comportado como verdaderos granujas, buscarán la reelección con el voto comprado con dinero del Estado. El poco importa con la transparencia, con el trabajo bien hecho; con las necesidades de bienestar social, educación, salud, obras públicas, seguridad, nivel de vida y muchas más parece crecer en vez de disminuir. El derroche es tanto como imperdonable. Y el país carece de rumbo, mientras la sociedad está adormecida, con la esperanza de que este o el próximo gobierno cumpla sus deberes, en vez de exigir que concrete sus promesas y administre con sensatez y transparencia. Nadie lidera, salvo los innumerables delincuentes de cuello blanco, enfrascados en el latrocinio, como nunca, porque no rinden cuentas y gozan de absoluta impunidad. Estamos a la deriva, secuestrados por la peor turba de bandoleros agrupados en uno de los peores gobiernos de los últimos 30 años.
Hoy por hoy
05 jul 2022 - 05:04 AM
